
Ella le pidió que encendiera la luz y se aproximara a la ventana. Discutieron acaloradamente. Él le propinó unos buenos golpes bien ensayados, ella giró la cabeza, se echó hacia atrás, gesticuló exageradamente. Él la sostuvo por las muñecas y la sacó de cuadro. Finalmente, se apagó la luz.
Fundido a negro.
Cuando la Policía recorrió el vecindario tras acudir en respuesta a las múltiples llamadas y hallar a la mujer muerta, los vecinos que la habían presenciado, describieron exactamente la misma escena. Nadie sabía quién era esa vecina esquiva que vivía apartada de la vida social desde que se mudó, pero todos coincidieron en lo que habían visto con sus propios ojos.
Nunca dieron con el asesino. No había ni una sola huella sobre la mujer y, curiosamente, no murió golpeada sino envenenada.
Desde aquella noche, el mendigo del barrio ha desaparecido. Nadie ha relacionado los dos acontecimientos, pero algunos aseguran haberlo visto bien vestido y arreglado saliendo de la ciudad al volante de un coche nuevo.
No obstante, nadie, ni siquiera la Policía ha dado crédito a las habladurías porque también se comenta que la hermana de la muerta, la famosa actriz que hace años se suicidó al enterarse de la infidelidad de su marido con su propia hermana, iba en ese mismo coche en el asiento del copiloto, vivita y coleando, cubierta con un sombrero y unas enormes gafas de sol.
Texto inspirado en la foto propuesta por Amparo Hoyos para Valencia Escribe.






