Confuso

No me lo esperaba, la verdad. 

Listo, listo no he sido nunca. Y cierto es que tampoco me caracterizo por mi capacidad de observación, pero me he quedado patidifuso al enterarme.

¿Cómo no me he dado cuenta antes?

¡Qué atontao! Indicios había, claro, pero es que a “toro pasao” es fácil decirlo. Que si saludaba a la gente por la calle y nadie me respondía, que si pedía paso en las escaleras y no se apartaba ni Cristo, que si silbaba al perro y no venía moviendo el rabo…

Pero ¿quién iba a imaginarse esto? ¡La madre del cordero! 

A ver ahora con qué cara me planto delante de mi mama y le explico que me he muerto antes que ella. ¡Es que me mata! Os digo yo que me mata.

Este mes, en Esta noche te cuento (ENTC), el tema es la sorpresa y el asombro.

Cochino sueño

Llevo un buen rato observándolos. Con el follón que montan, sé que se acercan por el camino desde hace ya un par de kilómetros. Me pregunto si saldrán despavoridos o se quedarán paralizados en cuanto me vean. Me haría bastante ilusión que gritaran y se largaran corriendo por donde han venido, así podría volver a tumbarme a la sombra de un árbol y retomar la siesta donde la he dejado.

Ha llegado el momento, allá voy. Saco pecho y colmillos, pongo mi pose más fiera y me planto en el centro del camino.

No entiendo muy bien qué ha ocurrido. De repente, me he visto envuelto en un olor especiado y, sin saber cómo ni por qué, me he recostado en el suelo y he permitido que unos dedos muy suaves me rascaran destrás de las orejas hasta que me he quedado profundamente dormido.

Mi colaboración semanal con El Bic naranja: los viernes creativos.

Diminuta y ligera, pero fuerte y malhablada

Imagen de Javier Mayoral(https://www.instagram.com/pulpbrother/?hl=es)

Como cualquier otro día, me he colocado en mi posición y he emprendido con el trabajo. Primero, he quitado las piedras del camino; a continuación, he limpiado la zona de paso; y finalmente, me he puesto a la cola, he cargado las provisiones a la espalda y, sin prisa pero sin pausa, he puesto rumbo a casa. Y justo ahora, que ya veo ante mí el fin de la jornada laboral y la entrada al hormiguero, viene el puñetero crío humano de las narices, le pega patada a la fila y me deja desorientada en medio del descampado. Yo me retiro. ¡A la mierda ya!

Para los El Bic naranja: los viernes creativos.

La pausa

Fotografía propuesta por Bienve Fajardo para Valencia Escribe.

La verdad, el hombre un poco rarito sí que es, y resulta un pelín extravagante que tu jefe te invite a almorzar de esa manera tan extraña, pero he pensado que igual le digo que repitamos. A mí me vino bastante bien ese juego que se llevaba con la careta. Se pasó dos horas hablándole a la cara sonriente esa y yo aproveché para desconectar. Se me pasó la jornada laboral en un plis y cuando volví a casa, estaba relajada y como nueva.

Con tener un poco de cuidado en no perder la compostura y no roncar, yo creo que un par de descansos más aún me quedan.

Contrato en toda regla

Foto propuesta por Bienve Fajardo para Valencia Escribe

Le habían asegurado que sería una estancia muy especial. ¡Y vaya si lo fue! En el apartado del alojamiento especificaba claramente que era “un entrañable rincón” caracterizado por “la calidez y la cercanía de sus dueños y el resto de huéspedes”. Por mucho que intentara buscar un resquicio legal para denunciarlos, no pudo acogerse a nada. Era exactamente lo que le habían ofrecido cuando lo alquiló.

A ciencia cierta

<<A mí me parece que el problema lo tiene en el ojo>> —dijo con gravedad el primero. <<Pondría la mano en el fuego por la espalda>> —aseveró el segundo. <<Dejadme que os diga que el fallo parece haber estado en la fuerza con la que la hemos colocado>>—comentó el tercero. Por mucho que debatieron, no dieron con la razón por la cual se había quemado la lubina, pero teniendo en cuenta su corta edad, yo diría, sin miedo a equivocarme, que fue todo cuestión de minutos.

Para el reto de las 5 líneas de Adella Brac, mes de mayo. Con las palabras: Problema, fuerza, ojo.

Un secreto a simple vista

Hace unos días, volví al pueblo porque supe que había fallecido mi tía Rosa. Fue un día muy triste para mí, pero aún más para mi pobre abuela, que se hundió en un abismo sepulcral. No ha vuelto a hablar desde entonces. El día del entierro descubrí, con gran sopresa, que, en realidad, Rosa no era familia nuestra.

Cuando el gruñón del abuelo dejó este mundo, la tía Rosa se fue a vivir con mi abuela a la casa del pueblo. A mí siempre me pareció que se com- plementaban a la perfección. Una nos preparaba el chocolate y la otra, las rosquillas. Mis primos y yo disfrutábamos mucho cuando las íbamos a visitar. Nunca olvidaré el día en que me armé de valor para presentar a mi novia a la familia. En casa pusieron el grito en el cielo porque mi pareja era chica y no chico, sin embargo, mi abuela y la tía Rosa se miraron sonrientes, nos sen- taron a la mesa y nos sirvieron un buen trozo de bizcocho recién horneado.

Superviviente

Se guio por el sonido del agua y enseguida halló un camino que serpenteaba bordeando el río. Sabía que resistir era la única opción que le quedaba así que continuó arrastrando los pies ensangrentados. Solo se detuvo durante el tiempo que invirtió en capturar al pez más lento de todos. A pesar de que la paciencia nunca fue su fuerte, cuando de ella dependió su vida, supo cultivarla con acierto. Mordisqueó la carne del animal crudo, contuvo las arcadas y, una vez repuesto, se puso en marcha, taciturno, rumbo al único asentamiento humano que quedaba en la tierra.

Relato escrito para la página de escritores solidarios Cinco palabras. El estupendo escritor Luis Landero nos propone esta semana: AGUA CAMINO RESISTIR PACIENCIA TACITURNO

Foto del río Gállego, por Paco Rapún.

Tempus fugit

En la loca carrera inexplicable en la que se diluyen los aromas, los colores y los paisajes, es una inversión inútil el derroche constante por retenerlo. Porque, sin que nos demos cuenta, él nos golpea implacable, sin compasión. 

Mientras, ahogados en la sinrazón de la corriente, nos dejamos arrastrar impotentes, él nos arrebata la vida. Esa que, tan obsesionados por su paso, hemos olvidado vivir.

Micro publicado en el número 8 de la Revista Digital de Valencia Escribe.

Enredados

http://www.sandrogiordanoinextremis.it/

Hoy hemos ido a visitar a papá y a mamá a su nueva residencia. Les han asignado una habitación muy agradable, solo se escucha la brisa meciendo las hojas de los árboles. Mi abuela y yo hemos coincidido en que les vendrá bien esa tranquilidad exterior para encontrar la paz interior que perdieron en las dichosas vacaciones.

Cuando acabó el estado de alarma, el vecindario se volvió un poco loco. En mi casa se organizó una escapada a la playa.

Mi padre tardó una semana en hacer las maletas, porque todo le parecía imprescindible; mi madre tecleaba sin parar en el ordenador en busca del mejor hotel y las mejores excursiones.

Estaban eufóricos, pero no me preocupé hasta que llegamos a la playa.

Con un furor inhumano, arguyendo que tenían poco tiempo, y <<que bastante encerrados habían estado ya>>, intentaron hacerlo todo, pero todo a la vez y se hicieron un lío.

Entonces yo, asustado, llamé a la abuela para que viniera a buscarme y me llevó a su casa y a ellos, a un hospital especial, para que los ayudaran a encontrar la calma que había quedado flotando sobre las olas del mar.

Relato escrito para El Bic naranja: los viernes creativos. Inspirado en la foto de http://www.sandrogiordanoinextremis.it/