La suegra

Esta imagen muestra que sí, que se le gira el cuerpo. Desde que llegó a la edad en la que los comentarios se agrian si no se expulsan a tiempo, procura no guardarse nada. Si lo ha hecho ha sido por mantener la paz y no enturbiar un domingo en familia. Al fin y al cabo era su cumpleaños.

No será hasta unos minutos después, ya más apartada de la gente, cuando se quede sola en el callejón, cuando escupa el improperio que le abrasa desde la boca del estómago hasta la punta de la lengua.

No, no le ha gustado. Sí, estaba salada y pasada. Todos, pesados sois toodooos. Por supuesto, volverá el domingo que viene. Faltaría más.

Para El bic naranja: los viernes creativos. Foto y propuesta de Ele Mójer.

Sueños son

La mujer que corre a trompicones se parece a mí. Coge carrerilla y vuela a duras penas unos metros antes de volver a posarse sobre el suelo. En este plano no se ve quién quiere atraparla, pero continúa su carrera. Esta operación se repite varias veces. La corredora se tapa los oídos cuando un sonido penetrante atraviesa la escena. A mí también me sobresalta. Tanto que me despierto. Me levanto, me ducho, desayuno, me visto y me dirijo a mi rutina diaria. Ya en la calle, alzo el vuelo con facilidad y me alejo tranquilamente, disfrutando del paisaje.

Finalista en el concurso de microrrelatos de supermercados Gadis.

Hoy no voy a escribir un micro

Hay ocasiones en que la vida te da pequeñas cosas y otras veces, enormes. A mí me ha dado una hija que ama a los conejos. ¿Por qué? Vaya usted a saber. Y a eso se suma que la creatividad se le sale por los poros y que carece de algo tan básico como la vergüenza.

Todos estos ingredientes, y alguno más aportado por la que escribe, se han mezclado cuidadosamente para cocinar una receta llena de color y sabor.

Una exposición de cuadros que pretende compartir con el mundo las creaciones de una niña que ya no lo es tanto y que desea apoyar al refugio Minipow, formado por dos personas generosas que dedican su tiempo, esfuerzo y recursos a ayudar a pequeños animales.

Mi gran amiga Eli ha tenido mucho que ver en este lío, claro. Sin ella y Ca la Mar, nada de esto hubiera sido posible.

Tanto el personal que trabaja allí como el vecindario y los comensales debieron de echar los ojos al cielo en más de una ocasión. 

Como dice mi chico, en general, la cosa se nos suele ir de las manos.

Entendedlo, pequeñas criaturas tranquilas, somos de talante alegre y conversador y no sabemos decir que no a un buen sarao con comida, bebida y charla.

Allí estábamos, más de 40 personas repartidas por todos los rincones de Ca la Mar. En la entrada, entre las mesas, en la barra, en la calle. Un grupo variopinto de gente maravillosa que no dudó en acompañarnos en la inauguración aportando a este rincón del mundo un toque de color y alegría.

Al final, nos echaron, claro, como era de esperar. Las mesas se llenaron y tuvimos que irnos con la música a otra parte. Aunque no nos movimos mucho, tomamos la pared de enfrente al asalto y, bandeja de bizcocho en mano, seguimos a lo nuestro, repartiendo chocolate entre sonrientes turistas que nos agradecían el detalle y pensaban que habían acertado claramente con el local para cenar.

Familia, amistades de todas las edades y condición, llegadas de todos los rincones, Minipow, Ca la Mar, Valencia Escribe, Petit atelier d’arts lo habéis logrado, nos habéis hecho felices y habéis conseguido que el mundo sea un un lugar mejor.

¡Gracias!

Ganadores natos

El concurso promete la gloria a aquel que consiga sobrevivir. El hombrecillo piensa, erróneamente, que, aunque nunca ha ganado nada, esta vez puede triunfar. En los ensayos televisados, los resultados son malos, el público se vuelve loco en las votaciones. En el momento de la verdad, tarda dos minutos en quedar sepultado bajo las pisadas de los concursantes más fuertes. Como se preveía, el crecimiento es exponencial. Cuanto más profundo caen los débiles, más alto sube la audiencia.

Para el Reto de las cinco líneas, de Adella Brac.

Las palabras para este mes de septiembre son: concurso, malos, vuelve.

Asómate al balcón, carita de azucena

Siempre había sido menudo y, quizá por eso, le volvían loco las mujeres grandes. Nunca albergó dudas acerca de sus posibilidades, así que, cuando conoció a aquella espectacular compañera de trabajo, no se lo pensó dos veces. En un abrir y cerrar de ojos se hicieron inseparables y todo el mundo en la oficina se acostumbró a verlos juntos. Ella, tan inmensamente feliz y él, asomando su diminuta figura desde el escotazo donde había decidido que se quedaba a vivir.

Para el Reto del mes de agosto de las cinco líneas, de Adella Brac.

Con las palabras: Menudo, dudas y abrir

Deshumanización

Fue la primera en ingerir el medicamento que su equipo había creado como solución al mal que asolaba el mundo. Tras descubrir que una única especie estaba a punto de destruirlo, inventaron una cura. El tratamiento resultó eficaz. El responsable de realizar las primeras pruebas, lo testó en su compañera. Amiga del trabajo bien hecho, esta científica se convirtió en el ejemplar número 1. Si todos lo tomaran, quizás habría salvación para la tierra. 

La soltaron al amanecer, en la linde del bosque. Mientras se internaba entre la arboleda, la oyeron lanzar aullidos de satisfacción, ¿o eran de esperanza?

Esta semana las Cinco Palabras del empresario, Luis Fernando Alisal, son las siguientes:

EFICAZ RESPONSABLE COMPAÑERA AMIGA EJEMPLAR

Cuando el aprendiz supera al mago

La impecabilidad del trabajo estaba fuera de dudas. Merecía un sobresaliente, aunque nunca lo recibiría. Cuando el profesor recuperara la consciencia, tardaría en darse cuenta de que era invisible. Al fin y al cabo, se había esmerado con la fórmula. Con un silencioso abrazo, se despidió de él, mostrando así una fraternidad que ya no sentía. Lo abandonó allí, apoyado contra un árbol o eso creía porque no podía verlo. De hecho, casi podría jurar que ni siquiera era capaz de recordarlo.

Para Cinco palabras:

Las cinco palabras de Yolanda Quesada:

IMPECABILIDAD
CONSCIENCIA
INVISIBLE  
SILENCIOSO
FRATERNIDAD

Animaladas

Ilustración de Mar Planelles

La primera vez que probé el pienso para desayunar, me pareció que tenía una consistencia arenosa. Antes de catarlo, lo olisqueé, pero no percibí nada. Entendía que las propiedades por las que se recomienda su ingesta en el desayuno eran necesarias para el organismo, pero no resultó nada apetitoso.

No obstante, siguiendo las recomendaciones de la veterinaria, seguí tomándolo cada mañana.

El heno fue un asunto más peliagudo. Según el documento que me habían enviado, el heno debía constituir el 70 % de la alimentación diaria. No sabía cómo hacerlo. Estaba confuso. Era demasiado duro para masticarlo y tragarlo. Probé cociéndolo, pero en las instrucciones se indicaba claramente que debía ser fresco. Al final, opté por triturarlo y, tomarlo a cucharadas, masticándolo durante mucho tiempo hasta hacerlo pasable.

Con el agua no hubo problema. Bebía toda la que necesitaba y cuando se vaciaba el recipiente, lo volvía a llenar. Siempre fresca y limpia. Era de agradecer, teniendo en cuenta que la lengua la tenía rasposa del heno y las encías y el paladar sangraban debido al constante roce de las hierbas en la cavidad bucal.

Lo mejor llegaba con la merienda y la cena. 

Por la tarde, sobre las cinco, me permitía un trozo pequeño de fruta. Podía ser manzana, melón, sandía… A veces, un trozo de pimiento rojo o verde, por aquello de la vitamina C. Y por la noche, a eso de las ocho y media, me tocaba la ración de ensalada, preparada a base de hojas, cuanto más verdes, mejor. Sin aliñar ni añadir nunca ni proteínas ni cereales.

Mantuve esta dieta recomendada durante un mes aproximadamente, pero, a pesar de la promesa que me había hecho a mí mismo y a ellos, no logré pasar de ahí. Tuve que volver a mis tazones de leche, a mis cereales, a mis pechugas a la plancha, a mis avellanas. De verdad que lo intenté, pero es que mi naturaleza no estaba hecha para este tipo de alimentación. Yo me había propuesto ser uno más de la familia y acompañarlos en todo momento, pero empecé a sentirme enfermo y no me quedó más remedio que acudir a un profesional. 

El médico me entregó un folleto con unas cuantas recetas apropiadas para mí y me rogó que las siguiera para mejorar el terrible estado de salud en el que me encontraba. Tras una larga consulta en la que me hizo muchas preguntas, solicitó cita para el psiquiatra porque consideró imprescindible que le comentara mi situación. 

Hay que reconocer que acertó tanto el diagnóstico como el tratamiento porque, desde que seguí sus consejos, mi estado físico ha mejorado considerablemente. El médico de cabecera y el psiquiatra quedan una vez por semana para conversar sobre mí y para ver cómo van a afrontar mi recuperación, creo que se están planteando escribir un artículo y publicarlo. Sin embargo, todavía hay algunas cosillas que no han logrado corregir y se hacen cruces al no entender por qué persisten mis dolores de espalda.

Me entristece verlos tan perdidos porque les he tomado mucho afecto, pero es que considero demasiado íntimo hablarles de algo tan personal. Todavía no tengo la confianza suficiente para explicarles que, por las noches, aunque ya cene como un humano, todavía sigo durmiendo, acurrucado sobre el heno, dentro del recinto de mis queridísimos cobayas.

Relato escrito para el Concurso de relatos #HistoriasdeAnimales, de Zenda libros.

Silencios sordos

Montaje de Eva García

No acababan de encajar. Ni entendían ni se hacían entender. Se encontraron inevitablemente, reconociéndose en un mundo que les era ajeno. Se intuyeron complementarios, sin palabras. Dos extranjeros que se enamoran en tierra extraña. La ciudad escupía su ruido infernal el día en que ellos se besaron por primera vez, únicamente envueltos por ese silencio tan familiar que les había acompañado a ambos desde su nacimiento.

Para Esta noche te cuento. Convocatoria: naipes o extranjeros.