El arte de desvestirse

Huyendo de las modas establecidas, la diseñadora decidió construir un mecanismo innovador. El vestido se colocaba de la manera habitual, pasando sobre la cabeza y dejándolo caer por su propio peso. Era ligero y oscilaba, elegante, sobre la pasarela. El éxito rotundo llegó cuando el público y la modelo, ignorantes de lo que iba a pasar, descubrieron que, al accionar el sistema que llevaba oculto en la mano, el vestido caía de golpe, dejándola, en un segundo, completamente desnuda.

Para las Cinco líneas, de Adella Brac. Con las palabras del mes de septiembre: Mecanismo, modas y construir.

Novatadas

—Chicos, ¿no se os olvida algo? Venga, va, que era broma. Que ya sé que me he pasado un poco, pero que no iba en serio. Va, no seáis así. No pongáis la nave en marcha. Apagad eso. Que una vez arranca, ya no para hasta Marte. Eh, eo. Venga, no os paséis. Es coña, ¿no? ¡Que estoy aquí! Volved, volved. Dad la vuelta, me cago en todo lo que se menea. ¡Cabroooneeeeesssss!

Para los El Bic naranja: los viernes creativos.

Centrifugado

Lo primero que hicimos con el primer sueldo que ganamos como camioneros fue comprar una lavadora. Mis amigos y yo nos mudamos a Antas cuando tuvimos edad de conducir. Estábamos hartos del barrio y del barro. Aunque las casas encaladas y el habla de sus gentes fueran similares a las nuestras, nos sentíamos extranjeros a tan solo unos kilómetros de casa. 

Nos costó adaptarnos, pero poco. Lo justo para instalar la flamante caja blanca en medio de la cocina y comprobar cómo quedaba la ropa, como los chorros del oro. 

Sentados en el suelo, la mirada fija en el tambor, agua y jabón, vueltas y más vueltas y al acabar, toda la tarde por delante y unas calles limpias por las que pasear con las manos en los bolsillos.

Homenaje al fotógrafo almeriense Carlos Pérez Siquier. Serie La Chanca.

Para los viernes creativos de El Bic naranja.

Atemorizada

Algo la ha sobresaltado y se ha despertado. Unos ruidos apagados se cuelan por debajo de la puerta. Su primera reacción es levantarse y salir a mirar, pero se lo piensa mejor y vuelve a meterse bajo las sábanas. Sabe que es irracional, pero decide cubrirse entera, cabeza y todo, y quedarse muy quieta, conteniendo la respiración, escuchando.

No hay duda, alguien se mueve por la casa. Lo oye lejano, como si no llegara a atravesar el pasillo que conduce a su habitación. De momento, parece estar a salvo. De repente, un golpe fuerte. Está a punto de gritar, pero afortunadamente, lo que hace es morder la sábana para acallar su miedo.

Ahora todo está en silencio. Sí, está segura. No se oye nada. 

Se levanta despacio, se calza las zapatillas y sale con precaución del dormitorio. Recorre el pasillo pegada a la pared sin atreverse a encender la luz. Cuando llega al comedor, sus peores temores se han cumplido. La televisión y el equipo de música han desaparecido. En su lugar, una nota que, como siempre, dice: <<Tranquila, mami, algún día te lo devolveré. Solo he tenido una mala racha. Tu hijo.>>

Micro publicado en el número 9 de la Revista digital Valencia Escribe.

(In) Coherencia

Célebre por sus milagrosas dietas veganas y por sus diseños vanguardistas creados a base de materiales vegetales, la jovencísima Naoko decidió subirse al tren y partir hacia la fama ante la mirada emocionada de sus admiradores y de las cámaras indiscretas de la prensa.

Uno de los fotógrafos logró colarse en el vagón restaurante y viajar allí, parapetado tras una ensalada de brócoli con algas.

Quién iba a decirles a ellos que una foto aparentemente inocente iba a dar la vuelta al mundo e iba a impulsar la carrera de él, precipitando la de ella, como un balancín en el parque.

En el centro de la imagen, Naoko posaba sonriente con su vestido de pepino; en el reflejo del cristal de la ventanilla, se distinguía con claridad meridiana, la punta de un fuet asomando del bolso y el atisbo de una morcilla de Burgos sobresaliendo del bolsillo de su chaqueta.

 Fotografía, de Tanaka Tatsuya. Para «El Bic naranja:los viernes creativos«.

Bocadillos de Nocilla con sabor a sal

Recorro con nerviosismo el camino que tantas veces me hizo llorar. Desde la distancia que otorgan los años, desdibujo el dolor. Ignoro qué sentiré cuando traspase el umbral, o cuando me siente frente al pasado desde el otro lado. Espero con impaciencia el momento, y con miedo. Ha llegado la hora de que los miles de euros invertidos en terapia, me reporten beneficios.

Mañana impartiré mi primera clase, pero hoy no. Hoy me enfrentaré cara a cara con los padres de mi alumnado. Les explicaré cómo voy a evaluar a sus hijos, cómo el comportamiento y la actitud contarán el 50% de la nota final. Hoy custodiaré bajo llave los moratones, la vergüenza, las lágrimas, la soledad. Mi discurso seguro y estudiado enmascarará la ira y las ganas de devolverles con creces lo que me hicieron sufrir. Me trago el corazón con saliva, compongo mi mejor sonrisa y atravieso la puerta del colegio.

Mi participación en la convocatoria del enfado y la ira de ENTC (Esta noche te cuento).

Tierra de por medio

Él la observaba alejarse desde el andén, pesaroso, trémulo. Ella, sonriente, movía una mano en señal de despedida al tiempo que apoyaba la otra sobre su barriga incipiente, sintiendo florecer una nueva vida. Evitaba apoyarse en la barandilla, incandescente bajo el sol del estío plomizo. 

Mientras él, ya arrepentido, se limpiaba el rostro húmedo con el puño apretado, ella respiraba aliviada. 

Su hijo no tendría padre, ni ella, carcelero.

Para Cinco palabras. La actriz española, Ana Belén Casas, nos propone: TRÉMULO FLORECER INCANDESCENTE ESTÍO HÚMEDO

Captar la esencia

Lo vi todo desde mi tienda de fotos, mientras limpiaba la cristalera. Un señor, que caminaba a las 9 de la mañana con alguna copilla de más, se tropezó consigo mismo; un pie le puso la zancadilla al otro. Justo en ese instante, a una chica, que tecleaba en el móvil de manera compulsiva, se le cayó el bolso del hombro y, al ir a recolocarlo, se fue de lado. Se quedaron enganchados como un koala a un eucalipto. No pude evitar sacar una foto de ese momentazo, pero por miedo a estar vulnerando los derechos de imagen, la edité un poco. Se me fue la mano, lo reconozco, pero la he colgado en el escaparate y todas las parejas que pasan por delante, se paran y se besan al verla. No me dirán que no es de lo más romántico.

Propuesta para el primer viernes de septiembre en El Bic naranja: los viernes creativos.

El despertar de la razón

La claridad del nuevo día se posó sobre sus párpados tanto tiempo dormidos, la senda por la que circulaban en sueños sus pensamientos aletargados empezó a desvanecerse, la caricia del amanecer la despertó con la misma suavidad que lo hubiera hecho una madre. Tras una noche casi eterna, abrió los ojos convencida de que esta vez, al fin, iba a crear un nuevo futuro para todos. 

La razón de la raza humana se desperezó y se alzó imponente. Había dormido demasiado tiempo, tenía un arduo trabajo por delante.

Esta primera semana del mes de septiembre, en el reto de la Asociación de escritores solidarios Cinco palabras, tenemos las palabras del presidente de la Asociación de Escritores de Madrid, Luis María Compés Rebato:

CLARIDAD SENDA CARICIA AMANECER CREAR

Indigestión

Foto: Olga Mayor

Ocurrió así, señor comisario, como se lo cuento. Sé que sueña extraño y que no me presta atención, pero es la pura verdad. Por favor, míreme cuando le hablo, no ponga esa cara de barbo como si la cosa no fuera con usted. Se lo estoy contando tal cual pasó. La historia es algo extravagante, pero, ¿cuándo no lo es la realidad? Vivimos en un mundo de locos donde ya nada es lo que parece. 

Si tiene paciencia, acabará entendiéndolo. Ya no volverán a tomarle por el pito del sereno. Será el que resolvió el caso más extraño del verano. Le aseguro que fue así como ocurrió. Yo estaba allí. ¿No me quiere mirar? Bueno, allá usted. 

Yo se lo explico de todas formas, que, para hablar me basto sola.

Mi marido y yo pasábamos unos días de asueto en Sanse (es así como llamamos a San Sebastián). Habíamos comido en una terraza divina (no vaya usted a pensar que todo son pinchos en el País Vasco, no solo de pan vive el hombre) y se nos había subido un pelín el vino. Nos fuimos a dar un paseo para ayudar a la digestión, que anda un poco lenta últimamente, y a hacernos unos selfis, para poner los dientes largos a las amigas. Lo normal, vamos. Y se me vino a la cabeza, tonta de mí, subirme a una piedra de esas y posar. Ya ve usted que cosa más naíf, a mi edad. Jajaja, ay, discúlpeme usted, que me desvío de la historia. Total, que me subo con mis deliciosas sandalias recién estrenadas a la roca húmeda y me resbalo como un salmón. Tal cual se lo digo. ¿No le parece de lo más divertido? Qué ocurrencia más loca, ¿verdad?

Total, que mi marido, que parece muy duro, pero es más blando que un peluche, empieza a chillar como un poseso. ¡Puri, Puri! Y yo sin poder partirme de risa porque estaba ensartada en el hierro como una brocheta. Y la gente venga a gritar, a señalarme y a hacerme fotos. Y, ahora viene el colmo, cuando mi Pacho se sube a la roca para intentar desincrustarme y se resbala y ¡hala! De morros, él también a la brocheta. Uf, qué pareja más patosa. ¿No es para mondarse? 

Con que nada, señor comisario, aquí me tiene, intentando que le entre en ese minúsculo cerebro suyo que lo que le digo es lo que pasó. Pero es que no hay manera. Yo contándole la verdad verdadera y usted mirando al mar a través del ventanal, como si oyera llover. 

Le aseguro que, si no fuera porque estoy muerta, ahora mismo le daba un sopapo para espabilarlo, ¡que está usted en Babia, señor comisario!