El jilguero calvo

La última vez que la vio todavía lucía unos rizos pelirrojos que quitaban el hipo. Por capricho del destino, se perdió los peores años de su vida, aquellos en los que la enfermedad le arrebató todo hasta dejarla en una carcasa vacía. Cuando los hermanos del amor de su vida aparecieron en la puerta de su casa con unas cenizas y un testamento inesperado, él construyó una urna con su rostro y la metió en una jaula para poder escuchar el canto de su alma todas las mañanas.

Texto inspirado en la foto tomada por Olga Mayor en Granada. Para Valencia Escribe.

Tarde de cine y palomitas de maíz

Sorprendentemente, el más pequeño se había transformado en primer lugar. Barajó la opción de esperar a los demás, pero hay procesos que uno no puede resumir por mucho que lo desee. Cuando el aviso sonoro indicó que había concluido el tiempo, él ya estaba empezando a broncearse. Al acabar la película, fue una de las pocas que se quedaron frías en el fondo. Junto a ella, una docena de granos duros que no habían sido capaces de reventar a tiempo.

Reto de las cinco líneas, de Adela Brac, del mes de junio. Las palabras son: transformado, opción y resumir.

Confuso

No me lo esperaba, la verdad. 

Listo, listo no he sido nunca. Y cierto es que tampoco me caracterizo por mi capacidad de observación, pero me he quedado patidifuso al enterarme.

¿Cómo no me he dado cuenta antes?

¡Qué atontao! Indicios había, claro, pero es que a “toro pasao” es fácil decirlo. Que si saludaba a la gente por la calle y nadie me respondía, que si pedía paso en las escaleras y no se apartaba ni Cristo, que si silbaba al perro y no venía moviendo el rabo…

Pero ¿quién iba a imaginarse esto? ¡La madre del cordero! 

A ver ahora con qué cara me planto delante de mi mama y le explico que me he muerto antes que ella. ¡Es que me mata! Os digo yo que me mata.

Este mes, en Esta noche te cuento (ENTC), el tema es la sorpresa y el asombro.

Cochino sueño

Llevo un buen rato observándolos. Con el follón que montan, sé que se acercan por el camino desde hace ya un par de kilómetros. Me pregunto si saldrán despavoridos o se quedarán paralizados en cuanto me vean. Me haría bastante ilusión que gritaran y se largaran corriendo por donde han venido, así podría volver a tumbarme a la sombra de un árbol y retomar la siesta donde la he dejado.

Ha llegado el momento, allá voy. Saco pecho y colmillos, pongo mi pose más fiera y me planto en el centro del camino.

No entiendo muy bien qué ha ocurrido. De repente, me he visto envuelto en un olor especiado y, sin saber cómo ni por qué, me he recostado en el suelo y he permitido que unos dedos muy suaves me rascaran destrás de las orejas hasta que me he quedado profundamente dormido.

Mi colaboración semanal con El Bic naranja: los viernes creativos.

Diminuta y ligera, pero fuerte y malhablada

Imagen de Javier Mayoral(https://www.instagram.com/pulpbrother/?hl=es)

Como cualquier otro día, me he colocado en mi posición y he emprendido con el trabajo. Primero, he quitado las piedras del camino; a continuación, he limpiado la zona de paso; y finalmente, me he puesto a la cola, he cargado las provisiones a la espalda y, sin prisa pero sin pausa, he puesto rumbo a casa. Y justo ahora, que ya veo ante mí el fin de la jornada laboral y la entrada al hormiguero, viene el puñetero crío humano de las narices, le pega patada a la fila y me deja desorientada en medio del descampado. Yo me retiro. ¡A la mierda ya!

Para los El Bic naranja: los viernes creativos.

La pausa

Fotografía propuesta por Bienve Fajardo para Valencia Escribe.

La verdad, el hombre un poco rarito sí que es, y resulta un pelín extravagante que tu jefe te invite a almorzar de esa manera tan extraña, pero he pensado que igual le digo que repitamos. A mí me vino bastante bien ese juego que se llevaba con la careta. Se pasó dos horas hablándole a la cara sonriente esa y yo aproveché para desconectar. Se me pasó la jornada laboral en un plis y cuando volví a casa, estaba relajada y como nueva.

Con tener un poco de cuidado en no perder la compostura y no roncar, yo creo que un par de descansos más aún me quedan.

Contrato en toda regla

Foto propuesta por Bienve Fajardo para Valencia Escribe

Le habían asegurado que sería una estancia muy especial. ¡Y vaya si lo fue! En el apartado del alojamiento especificaba claramente que era “un entrañable rincón” caracterizado por “la calidez y la cercanía de sus dueños y el resto de huéspedes”. Por mucho que intentara buscar un resquicio legal para denunciarlos, no pudo acogerse a nada. Era exactamente lo que le habían ofrecido cuando lo alquiló.

A ciencia cierta

<<A mí me parece que el problema lo tiene en el ojo>> —dijo con gravedad el primero. <<Pondría la mano en el fuego por la espalda>> —aseveró el segundo. <<Dejadme que os diga que el fallo parece haber estado en la fuerza con la que la hemos colocado>>—comentó el tercero. Por mucho que debatieron, no dieron con la razón por la cual se había quemado la lubina, pero teniendo en cuenta su corta edad, yo diría, sin miedo a equivocarme, que fue todo cuestión de minutos.

Para el reto de las 5 líneas de Adella Brac, mes de mayo. Con las palabras: Problema, fuerza, ojo.

Un secreto a simple vista

Hace unos días, volví al pueblo porque supe que había fallecido mi tía Rosa. Fue un día muy triste para mí, pero aún más para mi pobre abuela, que se hundió en un abismo sepulcral. No ha vuelto a hablar desde entonces. El día del entierro descubrí, con gran sopresa, que, en realidad, Rosa no era familia nuestra.

Cuando el gruñón del abuelo dejó este mundo, la tía Rosa se fue a vivir con mi abuela a la casa del pueblo. A mí siempre me pareció que se com- plementaban a la perfección. Una nos preparaba el chocolate y la otra, las rosquillas. Mis primos y yo disfrutábamos mucho cuando las íbamos a visitar. Nunca olvidaré el día en que me armé de valor para presentar a mi novia a la familia. En casa pusieron el grito en el cielo porque mi pareja era chica y no chico, sin embargo, mi abuela y la tía Rosa se miraron sonrientes, nos sen- taron a la mesa y nos sirvieron un buen trozo de bizcocho recién horneado.