A solas

Sombras Bic naranja

Soy un ser independiente. Ea. Me obsesiona superar las dificultades por mis propios medios. Por eso detesto tanto a mi sombra. Se empeña en ayudarme y en acompañarme a todas partes. Si me agacho a recoger algo pesado, ella también; si subo las escaleras, ella me sigue empujándome por la espalda. Últimamente me he obsesionado tanto con este asunto que me la intento quitar de encima a toda costa. Cuando salgo a correr, doy saltos en varias direcciones a traición a ver si se cae sola; me restriego contra las paredes, a ver si se despega; me tumbo de espaldas en el suelo y doy vueltas sobre mí mismo por si se queda enganchada en una baldosa; me escondo tras las esquinas con movimientos rápidos para despistarla. Me ha parecido percibir que la gente me mira raro, pero no me importa demasiado porque acabo de hacer un gran descubrimiento: si me coloco estratégicamente debajo de una farola y me quedo muy quieto, la muy pesada desaparece. Ahora que por fin estoy solo, me he propuesto aguantar un día entero sin sombra. Es un reto personal y ni siquiera ella me arrebatará el mérito cuando lo supere.

Relato escrito para El bic naranja: los viernes creativos, de Ana Vidal.

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Tan cerca

Árbol Viernes creativos

Ana y Pablo no se conocen. Ellos no lo saben todavía, pero leen bajo la misma sombra del mismo árbol. Les gusta sumergirse en las aventuras de los libros bajo la protección de las ramas y el sonido de las hojas al mecerse con el viento. Se sienten seguros cuando apoyan su espalda contra el tronco. La mañana en que la tierra se despega del suelo y sube hacia las nubes con un sutil balanceo, sus miradas por fin se cruzan y se encuentran.

Relato escrito para los “Viernes creativos” de “El bic naranja”, de Ana Vidal.

Inspirado en la ilustración de Łukasz Kubiak, que hizo para la exposición de Árboles monumentales de La Palma.

Dedicado a A. y P.

Sociedad y cultura

Cuando llegan a la ciudad casi desierta, lo hacen ilusionados por una nueva oportunidad laboral. Están acostumbrados a viajar y tienen una mente abierta. Sin embargo, no pueden evitar sorprenderse al descubrir que el taxista que los transporta al único restaurante abierto va vestido con una cota de metal. También les resulta desconcertante que el grupo de jóvenes que cena en la mesa de al lado haya dejado las espadas y los escudos en el guardarropa al entrar. ¡Habrá que adaptarse!

Relato escrito para el Reto de las 5 líneas de septiembre de Adella Brac. Las palabras de este mes son “Metal”, “vestido” y “grupo”.

https://adellabrac.es/reto-5-lineas/

Dedicado a V. y a G.

Corazón helado de caramelo

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Algunos fines de semana cruzo los Pirineos y me doy un paseo por el lado francés. A veces llego hasta Oloron-Sainte Marie, otras hasta Pau. He encontrado un rincón tranquilo cerca del río en el que puedo aparcar y sentarme a disfrutar del paisaje y a escribir. Lo extraño es que siempre que lo hago me da la impresión de que huele a bollos recién hechos. Es una sensación tan potente que me parece que allí, en medio de las montañas, ha tenido que haber algo.

Un día en el que me había tumbado sobre la hierba como Heidi, con los brazos abiertos, y contemplaba cómo las nubes jugaban al escondite entre las cumbres nevadas, me pareció que el río me hablaba. Por entre la risa cantarina del agua, se coló hasta mis oídos la historia de Ángela.

Ángela era la pequeña de cinco hermanas. Vivía junto a su familia en la primera planta de una coqueta casa francesa. Las ventanas estaban adornadas por cortinas de ganchillo y protegidas por contraventanas de madera verde. El intenso aroma dulzón que inundaba las estancias les imprimía una confortable calidez hogareña. La pastelería que regentaba la familia de Ángela ocupaba la planta baja. Tenía una delicada entrada empedrada y una puerta verde a juego con el resto de los detalles de la casa. Todas las hermanas ayudaban a sus padres en el negocio familiar pero ninguna lo hacía con tanto mimo como ella. Poseía un don especial. Todo lo que amasaba sabía a gloria. Los vecinos de Rochefort-sur-la-Rhône pensaban que este hecho se debía a su nombre. Mientras se relamían con sus exquisiteces, comentaban que cocinaba como los ángeles.

Para ella, cada uno de sus pasteles era como un hijo al que hubiera dado la vida, un pequeño milagro incubado en el nido de sus manos.

Ángela tenía además, la apariencia de una joven sensible y adorable. Sin embargo, escondía un oscuro secreto: odiaba a la gente. Le irritaban las personas que chismorreaban en la puerta de su casa y detestaba ver cómo tocaban con sus manos los esponjosos buñuelos que ella horneaba.

Nadie hubiera adivinado nunca lo que se ocultaba tras esa inocente sonrisa, nadie hubiera creído lo que bullía dentro de esa preciosa cabeza enmarcada por tirabuzones castaños y, si alguien lo hubiera hecho, habría sentido un miedo tan espantoso que quizá no se hubiera atrevido a contarlo.

Había noches en las que Ángela no podía dormir. Sus oscuros pensamientos la despertaban y la arrastraban hasta la cocina para desahogarse con su único amor en la vida. Los ingredientes, a los que adoraba, cobraban vida y la complacían, ayudándola a conseguir las mejores texturas, los aromas más intensos, los sabores más originales. Todos querían que ella los transformara en algo maravilloso y único. Cuando dudaba entre preparar un relleno de calabaza o de chocolate, las calabazas se iluminaban por dentro para llamar su atención. Cuando iba a buscar el azúcar, el tarro se deslizaba sobre la encimera para que lo encontrara con facilidad.

Una noche de insomnio en la que bajó a la cocina a canalizar su mala energía, los ingredientes decidieron que había llegado la hora de actuar. Unos brillaron, otros vibraron, algunos incluso produjeron sonidos. La cocina entera estaba en ebullición. Ángela seguía sus recomendaciones pero también su propio instinto y, contagiada por la emoción del momento, se dejó llevar hasta crear la tarta más maravillosa, la más irresistible y deseable que se hubiera cocinado jamás.

La colocó en el centro del escaparate, la contempló con regocijo, recogió con mimo la cocina y se fue a dormir con una gran sonrisa de satisfacción en la cara.

Estaba segura de que esta vez sí, por fin, sus oscuros planes iban a llevarse a cabo.

Al día siguiente, Ángela durmió más de lo normal. Ya se escuchaba el bullicio de la calle cuando abrió los ojos. Se incorporó ligeramente desorientada y miró el reloj con forma de fresa que reposaba sobre la mesilla. Se sobresaltó al darse cuenta de lo tarde que era. Se calzó las zapatillas y abrió las contraventanas de par en par para respirar el aire fresco de la mañana. Lo que vio la dejó sin aliento, ¡no podía creerlo! Su plan había funcionado. Ante su mirada emocionada, una cola de cientos de personas serpenteaba desde la puerta de la pastelería hasta donde se perdía la vista.

Se vistió con esmero y bajó a la planta inferior.

Sus padres y hermanas intentaban en vano explicar a la clientela que no venderían la tarta del escaparate hasta que no supieran de dónde había salido. Fue entonces cuando Ángela hizo su aparición. Rodeada de un aura de bondad y candidez, su presencia logró que todo el mundo se callara de repente. Su preciosa sonrisa y su melódica voz serenaron el ambiente. Relató a todo el mundo cómo se había levantado en medio de la noche y había cocinado con mucho amor esa espectacular tarta que lucía radiante en el escaparate.

Los pasteleros comprendían ahora de dónde había salido y por qué no había ni un solo habitante de la región que no deseara conseguirla.

Ángela se subió a lo alto del mostrador con delicadeza y, desde esa posición de superioridad, alzó la voz y propuso una sencilla solución:

—Se llevará la tarta la primera persona que logre cogerla.

Pasados unos segundos de silencio, el pueblo entero estalló en un enorme griterío. Unas decían que era una injusticia, otros que tenían hambre, otras que ellas habían llegado antes. Eran tantas las voces y tan variadas que no había forma de entender nada. Enseguida empezaron los empujones y los golpes. Todos intentaban avanzar pero unos a otros se impedían el acceso al preciado trofeo.

La familia de Ángela, horrorizada, corrió a ocultarse en la cocina. Ella observaba la escena desde su atalaya con una extraña y terrible mueca en la cara.

El cliente que estaba el primero de la cola gritó encolerizado que la tarta debía ser para él puesto que había llegado en primer lugar y de un salto intentó hacerse con ella; antes de que lograra alcanzar su objetivo, el segundo, lo agarró con fuerza y lo lanzó hacia un lado; la señora que sujetaba a su anciana madre del brazo, la abandonó a su suerte y se proyectó por el aire hacia delante. La abuela abandonada le impidió continuar deteniéndola con un bastonazo aéreo que la dejó fuera de combate. En unos pocos minutos, todo el pueblo estaba sumido en el caos más absoluto. Una aberración detrás de otra dejaba un reguero de sangre y vergüenza. La codicia y la ira aumentaban por momentos mientras la dulce Ángela sonreía desde lo alto del mostrador.

Cuando todos yacían en el suelo, cuando Rochefort-sur-la-Rhône desapareció bajo un manto de almas podridas y ambiciones truncadas, un potente haz de luz surgió de la tarta y se elevó hasta el cielo.

Ángela comprendió inmediatamente lo que tenía que hacer. Satisfecha por fin, y sin ocultar la sonrisa que iluminaba su terrible cara de muñeca, se aferró a él y subió, subió y subió hasta que desapareció en la inmensidad y se fundió con la misteriosa tarta, de la que nadie volvió a hablar jamás.

Los miembros de la familia de Ángela, continuaban escondidos en la cocina. Estaban vivos, pero aterrorizados y no se atrevieron a salir. Así que esperaron, esperaron y esperaron hasta que sus cuerpos se fundieron con los bollos, los pasteles y las tartas que tantas satisfacciones les habían dado en la vida.

El agua cantarina de la Gave d’Ossau arrastró los restos del desastre y se llevó también el recuerdo del pueblo y de sus habitantes, pero no fue capaz de cubrir el intenso aroma a pan recién horneado que impregnó la tierra en ese recóndito paraje pirenaico.

Cuando la misteriosa voz del río se silenció, me incorporé lentamente y me restregué con fuerza los ojos. No terminaba de entender si lo que acababa de escuchar había ocurrido de verdad o un inesperado sopor se había adueñado de mí trasladándome involuntariamente a brazos de Morfeo.

Lentamente me incorporé y recogí mis bártulos. Todavía adormilada me dirigí a mi coche cuando, de pronto, un mordisco de ansiedad muy potente se aferró a mi corazón. Junto a la última bocanada de aire, el olor a pastel que aspiré imprimió en mí una temible necesidad de comer. En ese momento hubiera hecho lo impensable, cualquier cosa, por conseguir uno de esos bollos recién hechos.

Por Aurora Rapún Mombiela

Relato publicado en la antología El pueblo de los gatos y otros relatos singulares.

Editado en digital por la editorial Dreamers.

Se puede descargar la publicación entera en estos enlaces:

Leer en línea:
https://www.editorialdreamers.com/libros/elpueblodelosgatos/

Despegamos

Aunar las fuerzas de los pocos supervivientes que quedaban para conseguir que la nave se girara fue un esfuerzo que los dejó exhaustos: a él y a su tripulación. Sabía que era el único capaz de volverla a poner en marcha así que los animó a gritos para un último empujón colectivo. En cuanto consiguieron enderezarla, los organizó a todos, los colocó de tal manera que cupieran a bordo y se dispuso a ponerla en funcionamiento. Afortunadamente, nada más tocar los mandos, arrancó y despegó. La protección de sus juguetes frente a la amenaza fantasma, era ahora su prioridad.

Relato escrito para la página solidaria Cinco palabras. Esta semana, las palabras de Eva María Sánchez Rivera son:

Aunar Esfuerzo Tripulación  Colectivo Protección

https://cincopalabras.com/2019/08/04/escribe-tu-relato-del-mes-de-agosto-i-eva-maria-sanchez-rivera-aetcps/

S.O.S.

Los hombres de rojo llegaron antes de que ella pudiera escapar. La capturaron cuando estaba a punto de adentrarse en las profundidades del océano. La sirena, orgullosa, se dejó arrastrar hacia afuera. Cuando acabaron de secarla y perdió su cola, todavía tenía en la mano la caracola que había enviado la señal de socorro a los guerreros de Poseidón. Aún no lo sabían, pero los humanos estaban perdidos.

Relato escrito para el reto de las 5 líneas de Adella Brac del mes de agosto.

Palabras: hombres, sirena, tenía.

https://adellabrac.es/reto-5-lineas-agosto-2019/

Identidades de Neón

Desde que nos disfrazaron de mariposas, sueño que volamos lejos. La noche en que me vi reflejada en ti a través del amasijo de cuerpos sudados que se revolcaban sobre nuestras pieles desnudas, me aferré a tus alas. Confío en que algún día ellas nos saquen de aquí. Desde el rincón más oscuro del infierno, contemplamos las luces rosas parpadeando en la ventana. Nos fumamos otro cigarro a medias mientras aplastas mis esperanzas con tus tacones de aguja.

Relato escrito para la propuesta del color rosa de ENTC (Esta noche te cuento).

https://estanochetecuento.com/15-identidades-de-neon-aurora-rapun-mombiela/

¿Por amor al arte?

Final de julio Foto Bic naranja

María Dolores le pidió a su hija que posara para él. Total, ¿qué le costaba exhibirse un poco ante el artista del pueblo? A cambio, recibirían una buena compensación económica, que buena falta les hacía, y además, la niña se haría famosa porque su cuerpo luciría en una galería algún día.

Le repitió hasta la saciedad que, puesto que llevaba siempre esas minifaldas tan cortas que parecía que iba en bragas, no pasaba nada por desnudarse un poco más en el estudio. Por lo menos allí no la veía todo el pueblo.

El psicólogo tomaba nota con el semblante serio cuando, veinte años después, Lola le contaba los abusos que sufrió cuando era pequeña.

Relato inspirado en la foto que propone Ana Vidal para la última semana del mes de julio, en El Bic naranja: viernes creativos.

Soñar no es gratis

 

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La sorpesa vino como por arte de magia. Gracias a la generosidad de mi tía abuela, el día de mi cumpleaños, al abrir la puerta, me topé de bruces con el regalo que había estado esperando toda mi vida. En la entrada de la cabaña, clavado en una estaca, relucía bajo el sol el billete de una compañía aérea. En grandes letras mecanografiadas se podía leer que tenía destino a Europa. 

Tras la fiesta de despedida, donde el compañerismo de toda la aldea se hizo patente, metí mis cosas en una bolsa de plástico y puse rumbo a mis sueños.

 

Relato inspirado en las palabras ofrecidas por el tenista Feliciano López para la última semana de julio de la página solidaria, Cinco palabras.

https://cincopalabras.com/2019/07/28/escribe-tu-relato-del-mes-de-julio-v-feliciano_lopez-tenista/

Qué cosas pasan

 

Mi cuñada tiene una pequeña manía: le gusta contarnos las cosas que les pasan a los demás. A veces puede hacerse difícil seguir el hilo de los parentescos y las vidas de gente que no conoces más que de oídas, pero en general, es entretenido. Es como un pequeño juego familiar. 

El domingo nos contó la historia de la hermana de su vecina del sexto. Por lo visto, es una chica que vale un valer. Siempre ocupada y preocupada por los demás. Tiene tres hijos y dos perros, trabaja por las mañanas en una fábrica de pelotas de tenis y por las tardes colabora con una ong. Según mi cuñada, la chica estaba tan estresada y tenía tantas ganas de liberarse de sus múltiples ocupaciones, que tenía un calendario gigante en el que tachaba los días que quedaban para las vacaciones. Cuando llegó el día tan esperado, colocó a los niños y a los perros y llamó a una de sus mejores amigas, que por cierto, casualmente es prima del vecino del segundo, y juntas se fueron al cine. Emocionada se preparó para una noche de chicas: cine, cena y copa.

Cuando acabó la proyección y se encendieron las luces, su amiga descubrió que estaba completamente dormida. Le dio tanta pena despertarla que la dejó tal cual estaba.

Para lo que no tuvo tanto miramiento fue para hacerle una foto y subirla en ese mismo instante, a las redes sociales.

Relato inspirado en la foto de Karman Verdi propuesta esta semana en El Bic naranja: viernes creativos, de Ana Vidal.