Sin tele hasta Navidad

Cuando me dio el discursito delante de la profesora por poco me da un síncope. Me explicó que las enfermedades neurodegenerativas estaban cada vez más controladas y que, aunque se me olvidaran cosas, que me lo tomara con serenidad. Que solo necesitaba centrarme para llevar mi vida con responsabilidad. Que ella me querría aunque estuviera mayor. Y me lo soltó con un brillo maquiavélico en los ojos.

¡A su madre! Y todo porque se me había olvidado meterle el almuerzo en la mochila. Lo que no se me iba a olvidar era el castigo que se había ganado, ¡vamos, hombre!

Las Cinco Palabras propuestas por la autora de ‘¡Hay que andar!’, Raquel Hermida, son las siguientes:

Síncope – Neurodegenerativas – Serenidad – Responsabilidad – Brillo

Espaldas anchas

Su madre perdió la memoria demasiado pronto, a la espalda; su marido se fugó con el repartidor de Glovo, a la espalda; su hija mayor se citó con un contacto de Instagram que resultó ser un pervertido, a la espalda; en el trabajo tuvieron que recortar las horas por necesidades del servicio, a la espalda.
Todo se lo fue echando a la espalda, hasta que hizo crack. Lo último que se sabe de ella es que se subió a un tren. Iba ligera de equipaje, ni siquiera una mochila en la espalda.

Para la foto propuesta por Bienve Fajardo para Valencia Escribe.

Humanidad transitoria

La vio llorar y pasó de largo. Luego lo pensó mejor y volvió sobre sus pasos. Ya no estaba, su tristeza y ella habían desaparecido entre la gente, al mismo tiempo que su oportunidad para preocuparse por otro ser humano que no fuera él. Suspiró aliviado. La verdad es que no le apetecía nada escuchar las penas de esa desconocida. Ni siquiera entendía por qué había reparado en ella. Se encendió un cigarro y siguió caminando. Mucho más tranquilo, reconciliado consigo mismo.

Para el Reto de las cinco líneas, de Adella Brac. Mes de enero de 2022.

¡Vivan los novios!

Nuestra pandilla ha sido siempre excesiva para todo, pero esta vez se ha superado. 

Llevábamos años queriendo casarnos, pero no nos atrevíamos por miedo a lo que pudiera pasar. Y teníamos razón, no hay más que vernos.

Nos casamos sin ceremonia, a traición, sin avisar a nadie. Los testigos fueron dos compañeros de trabajo que nos hicieron el favor. No hubo comilona, ni arroz, ni traca, ni nada. Todo iba bien. Éramos felices. ¿Cómo se enteraron? Es un misterio, pero aquí estamos, siguiendo sus malévolas instrucciones para recoger el regalo de boda. 

En estos momentos, te juro, amor mío, que me quedaría aquí sumergida. Tú y yo solos. Y que no volvería a la superficie por nada del mundo. A lo mejor, solo a lo mejor, a por oxígeno.

Relato para los Viernes creativos de El Bic naranja.

Imagen de Time will tell, de Maggie Taylor.

Inmortal

Todo empezó con una apuesta. El pub estaba a punto de cerrar y yo continuaba acodado en la barra bebiendo. La camarera, aburrida de soportar mis penas de lobo solitario, me propuso un reto con la evidente intención de perderme de vista.

Envalentonado por el alcohol, a cambio de un par de chupitos gratis, me acerqué a conversar con aquellos desconocidos. Paradójicamente, me aceptaron como uno más y enseguida fui absorbido por una espiral de excesos inimaginable.

Esa fue la primera de muchas noches en las que, poco a poco, me fui enganchando. Mi cuerpo y mi voluntad se debilitaron. No lo vi venir. Pensé que si ellos controlaban, yo también. Pero era superior a mis fuerzas. La salida estaba al alcance de mi mano, sabía que solo tenía que resistirme una vez. Una única vez. 

Cargado de determinación, busqué mi oportunidad. Apoyado en la pared del bar, sentí que alguien se aproximaba y contuve la respiración. Ya estaba a punto de lograrlo cuando me pidió un cigarro. No debió hacerlo. Ataqué sin compasión.

Me limpié la sangre que resbalaba por la barbilla y lloré, impotente, sobre un cuello desgarrado más. 

Micro publicado en la maravillosa la antología Microfantabulosas, un proyecto en colaboración con el Simposio Canario de Minificción y la Librería de Mujeres de Canarias. En cuanto esté disponible la versión digital, la compartiré para que podáis disfrutarla. Es una edición ilustrada magnífica.

Mil vidas

Le gusta sentarse a leer en la sección de teatro, en una butaca que hay junto a una planta. Llega temprano y selecciona unos cuantos libros que le aseguran la lectura por lo menos hasta el mediodía, momento en que la biblioteca cierra al público durante un par de horas. A veces, cuando acaba mi turno y me dirijo a casa, lo veo andando por la carretera que serpentea entre las huertas. Su paso calmoso y tranquilo contrasta con mis prisas al volante. Yo, con hambre y ganas de llegar a comer pronto para poder seguir con la tarde acelerada en la ciudad. Él, con hambre, pero sin ganas de llegar a aquello que a duras penas puede denominarse casa. Yo, deseando que las horas pasen lentas para disfrutar de mi tiempo libre; él, esperando que se haga la hora en que la biblioteca vuelva a abrir sus puertas para poder sumergirse en mil vidas mejores que la suya, sentado cómodamente, arropado por el silencio y por el chorro del aire acondicionado.

Micro seleccionado en el VIII Certamen de microrrelatos Javier Tomeo. Publicado en la revista Compromiso y Cultura y en el blog de la Asociación literaria y artística Poiesis (enero de 2022).

Té con pastas

—Resulta sorprendente, ¿no cree, Miss Dale?

—Ciertamente, querida mía. Aunque no imposible.

—Pocas cosas hay ya imposibles, Miss Dale.

Con toda la pasión de su alma apolillada, el funcionario de Correos, que se creía a salvo de las miradas al otro lado del mostrador, lanzó los paquetes al aire una vez más, logrando que dieran dos giros con gran precisión antes de que acabaran de nuevo en sus expertas manos.

Desde la otra acera, parapetadas tras el cristal, las dos damas tomaban el té charlando sobre esta proeza y otras curiosidades de la vida.

Texto escrito para el reto de la asociación de escritores solidarios: Cinco palabras.

Las palabras de la última semana del año 2021 que nos ha regalado el aviador Ramón Alonso han sido: pasión, aire, giros, precisión y vida.

Nostalgia de un futuro que está por llegar

El sol, harto del cielo encapotado de nubes, se había ocultado ya tras las montañas azules. La nieve no había dejado de caer en todo el día. Se había ido posando silenciosa sobre el suelo, capa sobre capa, hasta formar un manto blanco, roto en la calzada por las ruedas de los coches; y, en las aceras, por las pisadas encharcadas que dejaban las botas al pasar.

El edificio de color rojo que coronaba la parte alta del pueblo permanecía en silencio hasta que, a las cinco en punto, una sirena estridente dio paso a la apertura de puertas y un rebaño de niños desbocados salió por ellas dando por concluido el trimestre escolar.

Entusiasmados, descubrieron que la entrada del colegio estaba cubierta por medio metro de nieve. Coloradas las mejillas, entrecortadas las respiraciones, chillonas las voces. Preparados los proyectiles, los pequeños soldados improvisados protagonizaron una memorable batalla campal.

Poco a poco, se fueron dispersando, dirigiéndose cada mochuelo a su olivo. Los dos primos, con las mochilas cargadas a la espalda, pusieron rumbo a casa de la abuela cogidos del hombro. Pulsaron el timbre del portero automático del edificio y subieron los escalones de dos en dos; empujándose y riendo. La luz anaranjada que asomaba, tímida, a través de la puerta entreabierta los recibió. Al traspasarla se vieron envueltos por el aroma a toquilla de lavanda, a madera de mecedora, a caldo de cocido, a croquetas, a chocolate caliente. 

Apenas dos días después, la casa se abarrotaría de risas, de ruidos de platos, de papeles estrujados, de juguetes, de gente. Se llenarían los rincones olvidados, se iluminarían las habitaciones cerradas, se reunirían las personas separadas por las rutinas diarias, se contarían chistes, se narrarían cuentos, se beberían refrescos azucarados y se comerían dulces. Solo dos días, unas pocas horas para poder estar al fin todos juntos de nuevo, en casa, en familia, en Navidad.

Relato navideño inspirado en la realidad pasada y con esperanzas de que pueda volver a producirse en el futuro. Aprovecho para desearos desde aquí que paséis unas felices fiestas y que empecéis con buen pie el nuevo año.

Para el sexto concurso de cuentos de Navidad organizado por Zenda e Iberdrola.

#cuentosdeNavidad

Tenía razón la tía

Siempre contaba la misma historia. En los cafés de media tarde, con el bizcocho desmigajándose entre sus dedos, nos explicaba su teoría sobre la desaparición de Berta. A mí me parecían cuentos de vieja y la escuchaba más por respeto que por interés. Pero la vida nos pone en nuestro sitio, y, ahora, que soy yo la que chupa las galletas porque no puedo morderlas, resulta que me encuentro cara a cara con la mujer desaparecida. Y tenía razón mi tía, ahí está tan feliz, como si no hubiéramos pasado toda una vida buscándola.

Micro inspirado en una foto propuesta por Bien Fajardo para los Amigos de Valencia Escribe.