En el punto de mira

Foto de Ele.

La primera vez que la vi con la cámara colgada del cuello, no me transmitió nada. Ni fu ni fa. La segunda, me inquietó porque observaba algo con tanto detenimiento que parecía que lo iba a diseccionar. Las 43 veces que la he visto desde entonces, haciendo fotos, me han dado una razón para vivir.
Me aparezco en sitios extraños, inesperados, sorprendentes. Y me aseguro de que su objetivo me alcance.
Quién sabe, quizá algún día lo descubra, lo entienda y me dé una oportunidad.
Para los viernes creativos. el Bic naranja. Foto propuesta por Ele.

Más vale compartir que llorar

El dichoso balón de Amparín acabó por arruinarlo todo. Salía con él bajo el brazo día sí, día también y no lo compartía con nadie. Como era de esperar, a uno de nosotros le pudo más la envidia que la prudencia y de un patadón lo coló en la sede de nuestro club secreto. La señorita Pilar, nuestra tutora, que pasaba por allí, fisgó a través de la ventana rota. Quiso la mala suerte que algunas de nuestras más preciadas revistas estuvieran abiertas y accesibles a su vista de águila. Se acabaron las tardes de descubrimientos, la camaredería socarrona y la tontería. Castigados un mes todos: nosotros, por guarros y Amparín, de rebote.

Imagen, de Inge Morath, propuesta por Amparo Hoyos para los Amigos de Valencia Escribe.

El buen padre

No pensaba hacerlo, pero no puedo resistirme a ganar. Entiendo que parezca prepotente por mi parte, pero soy un triunfador nato.

Hoy, en la cacería anual, participaba mi hijo por primera vez. Creí que podría dejarle destacar, pero es que es superior a mis fuerzas.

Soltamos a la presa, le dimos una considerable ventaja y salimos tras ella como alma que lleva el diablo. Yo iba, como siempre, en primera posición, mi descendiente me pisaba los talones, lo cual me enorgullecía hasta que fui consciente de que iba a adelantarme y de que ya tenía a la chica al alcance de la mano. Fue entonces, cuando tocó ese cuerpo desnudo, cuando rodeó el cuello amoratado, cuando descubrí que nunca iba a ser un buen padre, ni siquiera un buen hombre. Levanté el arma, apunté y maté dos pájaros de un tiro. Ese día, el trofeo tuvo un sabor agridulce.

Primer premio en la VI edición del Concurso de escritura rápida NN’22 (Novembre negre 2022).

Sal

Salió del salón vestida únicamente con el salto de cama. Salseó desinhibida, creyéndose a salvo de miradas salvajinas. No esperaba encontrarse con aquel salchichón enhiesto que la acechaba para salpimentarla a su gusto. Salvaguardó su honor de un salto, encaramándose al saliente del balcón vecino. Sintiéndose a salvamano, se recompuso y saludó, salerosa, al salobreño que, salivando, estaba a punto de verter la salsa sobre el salmón que miraba la escena con ojos saltones.

Para los Viernes creativos de «El Bic naranja». Esta semana, Ele nos propone un texto inspirado en la sal.

Inconcebible

Cuando descubrí el amor secreto entre mi hijo y aquel hobbit repugnante experimenté una furia infinita. Golpeé mi cabeza de orco contra la roca hasta que se desprendió un pedrusco que me destrozó media cara. La excesiva sensibilidad de mi descendiente, creado a partir de mi piel y de mi sangre, me tenía desesperado. 

Me vi obligado a trazar un plan. En primer lugar, secuestraría al hobbit. A continuación, invitaría a unos cuantos de mis congéneres a una cacería por el bosque. Tendría que llevar a mi hijo engañado. Y, una vez en la espesura, lo ridiculizaría delante de todos para que se avergonzase y se viera obligado a destripar a ese asqueroso ser inferior como muestra de redención.

No sé cómo no caí en la cuenta de que los planes nunca me salen bien.

Llevé al hobbit al bosque, reuní al equipo, engañé a mi hijo y, cuando llegamos al punto clave, se desató el caos.

Mi amigo más íntimo arrancó a llorar desconsolado cuando se enteró de que mi hijo se había liado con el hobbit del infierno. Le declaró su pasión delante de todos y mi hijo se lo tuvo que quitar de encima a dentelladas. El minúsculo ser que debería haber estado aterrado, demostró poseer una fuerza descomunal cuando se lió a puñetazo limpio. El episodio acabó con la abominable pareja alejándose a lomos de un águila con cascabeles en las patas. ¡Si hasta me pareció distinguir que decían adiós con las manitas!

Cuento (que no ganó, pero participó) enviado al concurso de #Mireinoporunapluma del festival @PalmaFantástica de la biblioteca de Can Sales.

Robots de acogida

Hace días que siento que algo va mal. Mis padres están raros. Mi madre ha adquirido un rictus extraño en la boca, mi padre tiene la mirada más oscura y los labios rectos.

Les he preguntado si les pasa algo, pero no se han animado a pronunciarse. Hasta hoy, que ha sido cuando se han sincerado. Me han mirado muy serios, con esa nueva expresión inquietante en sus ojos y me han dicho que lo sienten mucho, que lo han intentado, que no querían que me enterara de aquella manera, ni de ninguna. No querían decírmelo nunca, pero que ya no son capaces de seguir luchando contra la naturaleza. Que con el paso de los años se les ha acabado la energía y no logran mantener las apariencias. Una especie de lágrimas negruzcas han resbalado por las mejillas de mi madre cuando ha colocado su fría mano sobre la mía: <<Hija mía, eres adoptada>>. 

Y después, nada. Se han levantado ayudándose el uno al otro y se han alejado bamboleándose, con las piernas rectas, como si hubieran perdido la movilidad en las articulaciones.

Y yo me he quedado sola, empapada en lágrimas humanas, aferrándome con fuerza a mi corazón roto.

Para la convocatoria «Antepasados o robots», de Esta noche te cuento (ENTC).

Más acá

La del flequillo rosa embelleció el catafalco con flores, la de los rulos se encargó de animar al resto para que arrimaran el hombro, aunque solo fuera por solidaridad. La que transmitía alegría con la mirada colocó las magdalenas en las mesas. No habría en el planeta otra residencia mejor adornada. Siempre ponían el corazón en ello.

Cuando se levantaran a desayunar sus seres queridos, ellas ya no estarían allí. No fuera a ser que se tomaran a mal verlas vivitas y coleando. A ellos aún no les había llegado la hora. Ellas seguirían cuidándolos desde el más allá.

Para la página solidaria Cinco palabras. Esta primera semana del mes de noviembre tenemos las palabras de la periodista Francine Gálvez Djouma.

Catafalco, solidaridad, alegría, planeta y corazón.

Atrapada

Ni fue por amor ni fue por dinero, fue por lo normal, por seguir la costumbre, porque se cogían de la mano desde que iban al cole juntos, porque sí, porque se daba por sentado, porque era lo que se esperaba de ellos. 

Ni él la quería a ella ni ella a él. Y trabajaron de lo que salía y se arreglaron el piso de encima de los abuelos. Y ahora mira su reflejo y no sabe quién es. Está perdida tras el espejo y ya no sabe cómo cruzar al otro lado.

Micro inspirado en la imagen propuesta por Amparo Hoyos para Valencia Escribe, de la artista plástica, pintora, fotógrafa y escultora Dora Maar (París 1907- 1997).

Nada

El hijo, admirador de la pasión del padre por el trabajo, decidió rendirle homenaje escribiendo su biografía cuando murió. Para ello, se encerró en el despacho, hasta entonces prohibido, para embeberse de todo el saber que había depositado durante años en los diarios que guardaba en él. No salió de allí el hijo sino con los pies por delante, incapaz de asumir la pureza de esas páginas, la incomprensible ausencia de tinta, la decepcionante aprehensión de la más absoluta nulidad.

Para el Reto de las cinco líneas de Adella Brac. Mes de octubre. Palabras: Hijo, biografía y trabajo.

Cópula canicular

Foto de Eva García.

La primera gota de sudor cayó encima del labio superior y no resbaló ni se deshizo. Curioso. La segunda, sobre el pezón. Esa sí se resquebrajó. Las otras ya no pudo observarlas. Lástima. El bochorno era insoportable y tenía que apresurarse. Debía borrar las huellas y deshacerse de ella antes de que empezase a oler. Los calores no son buenos para nada. 

Ni para deseos, ni rechazos. Ni para mártires, ni verdugos. Ni para los vivos, ni para los muertos. 

Para ENTC (Esta noche te cuento). Convocatoria: regresos o calores.