Asómate al balcón, carita de azucena

Siempre había sido menudo y, quizá por eso, le volvían loco las mujeres grandes. Nunca albergó dudas acerca de sus posibilidades, así que, cuando conoció a aquella espectacular compañera de trabajo, no se lo pensó dos veces. En un abrir y cerrar de ojos se hicieron inseparables y todo el mundo en la oficina se acostumbró a verlos juntos. Ella, tan inmensamente feliz y él, asomando su diminuta figura desde el escotazo donde había decidido que se quedaba a vivir.

Para el Reto del mes de agosto de las cinco líneas, de Adella Brac.

Con las palabras: Menudo, dudas y abrir

Deshumanización

Fue la primera en ingerir el medicamento que su equipo había creado como solución al mal que asolaba el mundo. Tras descubrir que una única especie estaba a punto de destruirlo, inventaron una cura. El tratamiento resultó eficaz. El responsable de realizar las primeras pruebas, lo testó en su compañera. Amiga del trabajo bien hecho, esta científica se convirtió en el ejemplar número 1. Si todos lo tomaran, quizás habría salvación para la tierra. 

La soltaron al amanecer, en la linde del bosque. Mientras se internaba entre la arboleda, la oyeron lanzar aullidos de satisfacción, ¿o eran de esperanza?

Esta semana las Cinco Palabras del empresario, Luis Fernando Alisal, son las siguientes:

EFICAZ RESPONSABLE COMPAÑERA AMIGA EJEMPLAR

Cuando el aprendiz supera al mago

La impecabilidad del trabajo estaba fuera de dudas. Merecía un sobresaliente, aunque nunca lo recibiría. Cuando el profesor recuperara la consciencia, tardaría en darse cuenta de que era invisible. Al fin y al cabo, se había esmerado con la fórmula. Con un silencioso abrazo, se despidió de él, mostrando así una fraternidad que ya no sentía. Lo abandonó allí, apoyado contra un árbol o eso creía porque no podía verlo. De hecho, casi podría jurar que ni siquiera era capaz de recordarlo.

Para Cinco palabras:

Las cinco palabras de Yolanda Quesada:

IMPECABILIDAD
CONSCIENCIA
INVISIBLE  
SILENCIOSO
FRATERNIDAD

Animaladas

Ilustración de Mar Planelles

La primera vez que probé el pienso para desayunar, me pareció que tenía una consistencia arenosa. Antes de catarlo, lo olisqueé, pero no percibí nada. Entendía que las propiedades por las que se recomienda su ingesta en el desayuno eran necesarias para el organismo, pero no resultó nada apetitoso.

No obstante, siguiendo las recomendaciones de la veterinaria, seguí tomándolo cada mañana.

El heno fue un asunto más peliagudo. Según el documento que me habían enviado, el heno debía constituir el 70 % de la alimentación diaria. No sabía cómo hacerlo. Estaba confuso. Era demasiado duro para masticarlo y tragarlo. Probé cociéndolo, pero en las instrucciones se indicaba claramente que debía ser fresco. Al final, opté por triturarlo y, tomarlo a cucharadas, masticándolo durante mucho tiempo hasta hacerlo pasable.

Con el agua no hubo problema. Bebía toda la que necesitaba y cuando se vaciaba el recipiente, lo volvía a llenar. Siempre fresca y limpia. Era de agradecer, teniendo en cuenta que la lengua la tenía rasposa del heno y las encías y el paladar sangraban debido al constante roce de las hierbas en la cavidad bucal.

Lo mejor llegaba con la merienda y la cena. 

Por la tarde, sobre las cinco, me permitía un trozo pequeño de fruta. Podía ser manzana, melón, sandía… A veces, un trozo de pimiento rojo o verde, por aquello de la vitamina C. Y por la noche, a eso de las ocho y media, me tocaba la ración de ensalada, preparada a base de hojas, cuanto más verdes, mejor. Sin aliñar ni añadir nunca ni proteínas ni cereales.

Mantuve esta dieta recomendada durante un mes aproximadamente, pero, a pesar de la promesa que me había hecho a mí mismo y a ellos, no logré pasar de ahí. Tuve que volver a mis tazones de leche, a mis cereales, a mis pechugas a la plancha, a mis avellanas. De verdad que lo intenté, pero es que mi naturaleza no estaba hecha para este tipo de alimentación. Yo me había propuesto ser uno más de la familia y acompañarlos en todo momento, pero empecé a sentirme enfermo y no me quedó más remedio que acudir a un profesional. 

El médico me entregó un folleto con unas cuantas recetas apropiadas para mí y me rogó que las siguiera para mejorar el terrible estado de salud en el que me encontraba. Tras una larga consulta en la que me hizo muchas preguntas, solicitó cita para el psiquiatra porque consideró imprescindible que le comentara mi situación. 

Hay que reconocer que acertó tanto el diagnóstico como el tratamiento porque, desde que seguí sus consejos, mi estado físico ha mejorado considerablemente. El médico de cabecera y el psiquiatra quedan una vez por semana para conversar sobre mí y para ver cómo van a afrontar mi recuperación, creo que se están planteando escribir un artículo y publicarlo. Sin embargo, todavía hay algunas cosillas que no han logrado corregir y se hacen cruces al no entender por qué persisten mis dolores de espalda.

Me entristece verlos tan perdidos porque les he tomado mucho afecto, pero es que considero demasiado íntimo hablarles de algo tan personal. Todavía no tengo la confianza suficiente para explicarles que, por las noches, aunque ya cene como un humano, todavía sigo durmiendo, acurrucado sobre el heno, dentro del recinto de mis queridísimos cobayas.

Relato escrito para el Concurso de relatos #HistoriasdeAnimales, de Zenda libros.

Silencios sordos

Montaje de Eva García

No acababan de encajar. Ni entendían ni se hacían entender. Se encontraron inevitablemente, reconociéndose en un mundo que les era ajeno. Se intuyeron complementarios, sin palabras. Dos extranjeros que se enamoran en tierra extraña. La ciudad escupía su ruido infernal el día en que ellos se besaron por primera vez, únicamente envueltos por ese silencio tan familiar que les había acompañado a ambos desde su nacimiento.

Para Esta noche te cuento. Convocatoria: naipes o extranjeros.

Buenos días, mi amor

Guardó la pluma y releyó el último verso. Tenía que mejorar el acento, pero podía salir bien.

No era hombre dado a romanticismos y así se lo había hecho saber su mujer por activa y por pasiva. Esta mañana iba a ofrecerle un despertar lleno de galanura. Había tenido que sacar la chaqueta y el instrumento del baúl de los recuerdos, pero daría la talla. Estaba seguro.

Entró con sigilo en la habitación, colocó la trompeta sobre su boca y tocó diana. Creyó ver lágrimas en los ojos de su esposa cuando entonó: <<Quinto levanta, tira de la manta>>.

Para la asociación solidaria de escritores Cinco palabras.

Las Cinco Palabras de esta semana nos las regala Jesús Arias, en apoyo a su amigo Fernando Cotta, un escritor solidario que se encuentra delicado de salud.

Mucho ánimo, Fernando.

PLUMA-VERSO-ACENTO-DESPERTAR-GALANURA

A fondo

En un par de horas había terminado. Había acudido a ese pueblo en respuesta a una llamada apremiante. Su trabajo era muy especializado y la perfección era su lema. Por nada del mundo pondría en riesgo su reputación ni su cartera de clientes. La mujer recogió los utensilios de limpieza y los restos orgánicos, esquivó a un par de vecinos madrugadores, cargó la furgoneta y se alejó lentamente por la avenida. En el camino de vuelta, se desharía discretamente del cadáver.

Para el Reto de las cinco líneas, de Adella Brac. Inspirada por las tres palabras del mes de julio (terminado, pueblo y mujer) y por el fantástico libro de Pierre Lemaitre, La gran serpiente.

Como la vida

Hoy por fin la he acabado. Ha sido como una explosión. Me he llenado por dentro, entera. Mi carcasa desgastada se ha ido estirando hasta convertirse en mi cuerpo original. Completo, satisfecho, orgulloso, vivo.

He terminado de leer la novela que tenía sobre la mesilla de noche desde que me comunicaron el diagnóstico, desde que empezó el tratamiento, desde que me ahogué. 

He llegado a la última página y he llorado, feliz.

Y con la esperanza a flor de piel, he empezado otra desde cero. Con ilusión, sabiendo que voy a disfrutarla con intensidad, calmada, devorándola con todos los sentidos hasta el final. 

VII Certamen de microrrelatos «Vencer al cáncer». Para ayudar a vencer al cáncer, se puede adquirir este libro (o cualquiera de los anteriores) en Bubok, en digital o en papel.

La mirada azul de una madre que todo lo ve

Foto de Ele

Ya no cabía duda, era un asesino en serie. En la tele habían intentado emborronar la cara de las tres víctimas, pero se atisbaba un brillo azul y esa mirada vacía tan característica.

A pesar de la certeza, mis sentimientos hacia él permanecieron intactos. Qué no haría una madre por el niño de su corazón. Hice la cama, organicé los cojines y los muñecos sobre la colcha y freí unas croquetas, sus preferidas, con mucho mimo para que no se quemaran.

Para El Bic naranja: los viernes creativos.