En el punto de mira

Foto de Ele.

La primera vez que la vi con la cámara colgada del cuello, no me transmitió nada. Ni fu ni fa. La segunda, me inquietó porque observaba algo con tanto detenimiento que parecía que lo iba a diseccionar. Las 43 veces que la he visto desde entonces, haciendo fotos, me han dado una razón para vivir.
Me aparezco en sitios extraños, inesperados, sorprendentes. Y me aseguro de que su objetivo me alcance.
Quién sabe, quizá algún día lo descubra, lo entienda y me dé una oportunidad.
Para los viernes creativos. el Bic naranja. Foto propuesta por Ele.

Más vale compartir que llorar

El dichoso balón de Amparín acabó por arruinarlo todo. Salía con él bajo el brazo día sí, día también y no lo compartía con nadie. Como era de esperar, a uno de nosotros le pudo más la envidia que la prudencia y de un patadón lo coló en la sede de nuestro club secreto. La señorita Pilar, nuestra tutora, que pasaba por allí, fisgó a través de la ventana rota. Quiso la mala suerte que algunas de nuestras más preciadas revistas estuvieran abiertas y accesibles a su vista de águila. Se acabaron las tardes de descubrimientos, la camaredería socarrona y la tontería. Castigados un mes todos: nosotros, por guarros y Amparín, de rebote.

Imagen, de Inge Morath, propuesta por Amparo Hoyos para los Amigos de Valencia Escribe.

Inconcebible

Cuando descubrí el amor secreto entre mi hijo y aquel hobbit repugnante experimenté una furia infinita. Golpeé mi cabeza de orco contra la roca hasta que se desprendió un pedrusco que me destrozó media cara. La excesiva sensibilidad de mi descendiente, creado a partir de mi piel y de mi sangre, me tenía desesperado. 

Me vi obligado a trazar un plan. En primer lugar, secuestraría al hobbit. A continuación, invitaría a unos cuantos de mis congéneres a una cacería por el bosque. Tendría que llevar a mi hijo engañado. Y, una vez en la espesura, lo ridiculizaría delante de todos para que se avergonzase y se viera obligado a destripar a ese asqueroso ser inferior como muestra de redención.

No sé cómo no caí en la cuenta de que los planes nunca me salen bien.

Llevé al hobbit al bosque, reuní al equipo, engañé a mi hijo y, cuando llegamos al punto clave, se desató el caos.

Mi amigo más íntimo arrancó a llorar desconsolado cuando se enteró de que mi hijo se había liado con el hobbit del infierno. Le declaró su pasión delante de todos y mi hijo se lo tuvo que quitar de encima a dentelladas. El minúsculo ser que debería haber estado aterrado, demostró poseer una fuerza descomunal cuando se lió a puñetazo limpio. El episodio acabó con la abominable pareja alejándose a lomos de un águila con cascabeles en las patas. ¡Si hasta me pareció distinguir que decían adiós con las manitas!

Cuento (que no ganó, pero participó) enviado al concurso de #Mireinoporunapluma del festival @PalmaFantástica de la biblioteca de Can Sales.

Hoy no voy a escribir un micro

Hay ocasiones en que la vida te da pequeñas cosas y otras veces, enormes. A mí me ha dado una hija que ama a los conejos. ¿Por qué? Vaya usted a saber. Y a eso se suma que la creatividad se le sale por los poros y que carece de algo tan básico como la vergüenza.

Todos estos ingredientes, y alguno más aportado por la que escribe, se han mezclado cuidadosamente para cocinar una receta llena de color y sabor.

Una exposición de cuadros que pretende compartir con el mundo las creaciones de una niña que ya no lo es tanto y que desea apoyar al refugio Minipow, formado por dos personas generosas que dedican su tiempo, esfuerzo y recursos a ayudar a pequeños animales.

Mi gran amiga Eli ha tenido mucho que ver en este lío, claro. Sin ella y Ca la Mar, nada de esto hubiera sido posible.

Tanto el personal que trabaja allí como el vecindario y los comensales debieron de echar los ojos al cielo en más de una ocasión. 

Como dice mi chico, en general, la cosa se nos suele ir de las manos.

Entendedlo, pequeñas criaturas tranquilas, somos de talante alegre y conversador y no sabemos decir que no a un buen sarao con comida, bebida y charla.

Allí estábamos, más de 40 personas repartidas por todos los rincones de Ca la Mar. En la entrada, entre las mesas, en la barra, en la calle. Un grupo variopinto de gente maravillosa que no dudó en acompañarnos en la inauguración aportando a este rincón del mundo un toque de color y alegría.

Al final, nos echaron, claro, como era de esperar. Las mesas se llenaron y tuvimos que irnos con la música a otra parte. Aunque no nos movimos mucho, tomamos la pared de enfrente al asalto y, bandeja de bizcocho en mano, seguimos a lo nuestro, repartiendo chocolate entre sonrientes turistas que nos agradecían el detalle y pensaban que habían acertado claramente con el local para cenar.

Familia, amistades de todas las edades y condición, llegadas de todos los rincones, Minipow, Ca la Mar, Valencia Escribe, Petit atelier d’arts lo habéis logrado, nos habéis hecho felices y habéis conseguido que el mundo sea un un lugar mejor.

¡Gracias!

La cena

Foto de Sandro Giordano

Esta vez me pudo la fama, la que me habían puesto en el pueblo, la de cotilla. Fui incapaz de perdérmela. El ex de mi prima con su nueva novia, que resulta que es la ex de mi hermano, que los acompañaba a la mesa con su mujer actual. Demasiado jugoso. El arnés demasiado desgastado; la cuerda, demasiado suelta; el golpe, demasiado fuerte; el precio por haberlos sorprendido, el justo y necesario.

Para El Bic naranja: los viernes creativos.

Princesa

Ilustración de Mar Planelles Rapún

Corrió hasta perder el aliento. Todavía atronaba en su cabeza la música de aquel baile maldito. Las risas martilleaban sus sienes como un tambor. El joven se sentía sucio por fuera y por dentro. No había sabido contener su lengua y lo había echado todo a perder. Tantos años de control férreo, de normas, de discreción. Todo había saltado por los aires cuando eligió “verdad” y respondió con sinceridad a una sola pregunta. —Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?

Para el reto del mes de abril, de las Cinco líneas, de Adella Brac. 

Palabras: joven, princesa y música.

Y vuelta a empezar

No se te dan bien. Te atropellas, te enredas, te confundes. Una mirada cruzada, una sonrisa, un guiño. Se te desenfoca el cerebro, imaginas, trazas un sendero de baldosas amarillas. Hasta que vuelve a suceder. Se desmorona. La imagen cae tras los cristales rotos y te das cuenta de que no ha ocurrido nada. Una barra, un vaso, un espejo y tu cara al otro lado diciéndote que no te miraba a ti. Que no se te dan bien los comienzos. Y pides otro trago. A tu lado, alguien que lleva una copa en la mano se acoda en la barra y te roza el brazo. Decides darte otra oportunidad.

Mi propuesta para la primera convocatoria del 2022 en Esta noche te cuento (ENTC). Tema a elegir entre el frío y los comienzos.

El álbum

Lo ha vuelto a hacer, señoras y señores. Aunque haya suplicado, dejado de hablar durante una semana, resoplado, me haya refugiado en mi habitación con la música a tope. A ella le da igual. Sin piedad. No solo ha preparado un bizcocho, que estamos muy flacos, sino que ha sacado el dichoso álbum y ha contado a mis nuevos amigos aquel verano en la playa.
¿En serio?

Micro inspirado en la foto propuesta esta semana para en los viernes creativos de El Bic naranja.

Espaldas anchas

Su madre perdió la memoria demasiado pronto, a la espalda; su marido se fugó con el repartidor de Glovo, a la espalda; su hija mayor se citó con un contacto de Instagram que resultó ser un pervertido, a la espalda; en el trabajo tuvieron que recortar las horas por necesidades del servicio, a la espalda.
Todo se lo fue echando a la espalda, hasta que hizo crack. Lo último que se sabe de ella es que se subió a un tren. Iba ligera de equipaje, ni siquiera una mochila en la espalda.

Para la foto propuesta por Bienve Fajardo para Valencia Escribe.