Malditas normas

Al profesor de lengua se le hizo bola la pérdida de la tilde en solo. Al principio era una molestia leve, como de empacho, pero fue convirtiéndose en un dolor de estómago crónico. El asunto empeoró bastante cuando la jefa de departamento lo llamó al orden por acentuar guion. Al final, se vio obligado a presentar la baja y a trasladarse a una casa de retiro.

Quiso la mala suerte que un profesor de matemáticas fuera a parar a la misma residencia que él. Este tenía por costumbre escribir siempre en mayúsculas. Por sistema. Y se dedicaba a pasarle notitas en las horas de las comidas, ya que en el comedor no se podía hablar.

Ni los psicólogos, ni el director, ni nadie entendió nunca por qué el profesor de lengua acabó clavándole en la mano un lápiz afilado al de matemáticas. Ni tampoco quedaron muy claras las circunstancias que lo hicieron empeorar.

Cuentan que vaga por los campos recitando versos de Góngora e incluso algunos juran que lo han oído cantar.

Foto de Eve Arnold. Propuesta por Amparo Hoyos, para Valencia Escribe.

Más vale compartir que llorar

El dichoso balón de Amparín acabó por arruinarlo todo. Salía con él bajo el brazo día sí, día también y no lo compartía con nadie. Como era de esperar, a uno de nosotros le pudo más la envidia que la prudencia y de un patadón lo coló en la sede de nuestro club secreto. La señorita Pilar, nuestra tutora, que pasaba por allí, fisgó a través de la ventana rota. Quiso la mala suerte que algunas de nuestras más preciadas revistas estuvieran abiertas y accesibles a su vista de águila. Se acabaron las tardes de descubrimientos, la camaredería socarrona y la tontería. Castigados un mes todos: nosotros, por guarros y Amparín, de rebote.

Imagen, de Inge Morath, propuesta por Amparo Hoyos para los Amigos de Valencia Escribe.

Atrapada

Ni fue por amor ni fue por dinero, fue por lo normal, por seguir la costumbre, porque se cogían de la mano desde que iban al cole juntos, porque sí, porque se daba por sentado, porque era lo que se esperaba de ellos. 

Ni él la quería a ella ni ella a él. Y trabajaron de lo que salía y se arreglaron el piso de encima de los abuelos. Y ahora mira su reflejo y no sabe quién es. Está perdida tras el espejo y ya no sabe cómo cruzar al otro lado.

Micro inspirado en la imagen propuesta por Amparo Hoyos para Valencia Escribe, de la artista plástica, pintora, fotógrafa y escultora Dora Maar (París 1907- 1997).

Vientre de alquiler robado

A veces el destino te alcanza y no sabes si para bien o para mal. Tantos desvelos, tantas noches despierta, tanta búsqueda infructuosa y de repente, una mañana, mientras tomas una infusión que calme tus nervios rotos, aparecen ante ti dos ojos iguales a los tuyos. Dos espejos de tu desgracia que no te miran ni te ven, pero te destrozan y te resucitan. Y el mundo se pone del revés, o del derecho. 

Inspirado en la imagen propuesta por Bienve fajardo para los Amigos de Valencia Escribe.

Superniño

Todavía gotea la inteligencia de Iron Man, ni siquiera se ha depositado en el suelo el polvo de la capa de Flash, el escudo de Capi no ha absorbido la última mano de grasa, Spiderman se ha quedado demasiado pequeño y Hulk, esmirriado. Antes los veía grandiosos, brillantes, insuperables. Desde esta perspectiva, sin embargo, parecen poca cosa. Seguramente los olvidaré cuando me haga mayor o dentro de un rato, cuando baje al río a darme un baño. Hay algo que llevo días entrenando: 

¡El supersalto mortal con supervoltereta y caída en bomba letal! 

Para la foto propuesta por Bienve Fajardo para Valencia Escribe.

Espaldas anchas

Su madre perdió la memoria demasiado pronto, a la espalda; su marido se fugó con el repartidor de Glovo, a la espalda; su hija mayor se citó con un contacto de Instagram que resultó ser un pervertido, a la espalda; en el trabajo tuvieron que recortar las horas por necesidades del servicio, a la espalda.
Todo se lo fue echando a la espalda, hasta que hizo crack. Lo último que se sabe de ella es que se subió a un tren. Iba ligera de equipaje, ni siquiera una mochila en la espalda.

Para la foto propuesta por Bienve Fajardo para Valencia Escribe.

Tenía razón la tía

Siempre contaba la misma historia. En los cafés de media tarde, con el bizcocho desmigajándose entre sus dedos, nos explicaba su teoría sobre la desaparición de Berta. A mí me parecían cuentos de vieja y la escuchaba más por respeto que por interés. Pero la vida nos pone en nuestro sitio, y, ahora, que soy yo la que chupa las galletas porque no puedo morderlas, resulta que me encuentro cara a cara con la mujer desaparecida. Y tenía razón mi tía, ahí está tan feliz, como si no hubiéramos pasado toda una vida buscándola.

Micro inspirado en una foto propuesta por Bien Fajardo para los Amigos de Valencia Escribe.

El sueño del señor G.

El señor G. salió de su casa temprano, como siempre, para fotografiar expresiones humanas de susto, sorpresa, terror o asco. 

Su método era eficaz: aparecer cuando menos se lo esperaban, causar el efecto deseado, hacer la foto y desaparecer. Cuando acabó la jornada, se retiró a su casa para seleccionar las mejores imágenes, convencido de que este año se haría con el “European Wildlife Photographer”. Cuando, al abrir la puerta, se encontró con un grupo apiñado de reporteros del National Geographic disparando flashes por doquier, el pobre gnomo, oriundo de las ciudades urbanizadas del este y en peligro de extinción, supo que acababa de perder la oportunidad de ganar el soñado galardón y, ya de paso, su libertad.

Para Valencia Escribe. Foto propuesta por Bienve Fajardo López.

Toda una profesional

Declinaba ya el mes de agosto cuando superó con éxito el curso intensivo de escritura que le regalé para su cumpleaños. Siempre ha sido una mujer muy trabajadora así que, en su afán por dominar la técnica aprendida, decidió aplicar todo lo estudiado ese mismo día. Se leyó un par de novelas, revisó apuntes, empezó a esbozar la trama, tomó notas sobre posibles argumentos… Cuando llegué a casa, la encontré sentada en el suelo de la cocina, ataviada con varios complementos. Ante mi extrañeza, me explicó que estaba perfilando a la protagonista, pero que había recibido tantos consejos, tantas ideas y había escuchado a tantos profesores distintos, que al final, se había perdido y ya no era capaz de encontrar su propia voz.

Inspirado en la foto propuesta por Bienve Fajardo para Valencia Escribe.

El jilguero calvo

La última vez que la vio todavía lucía unos rizos pelirrojos que quitaban el hipo. Por capricho del destino, se perdió los peores años de su vida, aquellos en los que la enfermedad le arrebató todo hasta dejarla en una carcasa vacía. Cuando los hermanos del amor de su vida aparecieron en la puerta de su casa con unas cenizas y un testamento inesperado, él construyó una urna con su rostro y la metió en una jaula para poder escuchar el canto de su alma todas las mañanas.

Texto inspirado en la foto tomada por Olga Mayor en Granada. Para Valencia Escribe.