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#flipaoporelverano estaba decidido. Iba a compartir con el mundo entero el mejor verano de su vida. Empezaría el 1 de julio y publicaría una entrada cada día hasta el 1 de agosto. No se dejaría nada en el tintero: comidas, puestas de sol, rincones especiales, grafitis urbanos… Abriría su cuenta al público y permitiría que cualquiera pudiera disfrutar de sus magníficas fotos con poéticos comentarios y emojis animados.

Reflexionó sobre aquello que quería reflejar, escribió en la agenda lo que mostraría cada día y lo hizo de manera equilibrada. Estudió otros perfiles en la red y memorizó las poses que más triunfaban, siempre sin mostrar el rostro, el truco residía en la sutileza. No estaba dispuesto a volver a pasar desapercibido, a soportar las aventuras de otros sin aportar las suyas propias. Había llegado su momento.

Aunque tuviera que arriesgar su puesto de trabajo robando fotos del restaurante, aunque redujera las horas de sueño para captar un atardecer en la playa. A pesar del riesgo que conllevaba solicitar selfis a los clientes más famosos del hotel, estaba seguro de que el esfuerzo valdría la pena. 

Desde la oscura garita, contabilizaría el aumento de seguidores; las imágenes en blanco y negro de las cámaras de seguridad rivalizarían con las fotos filtradas en dramático cálido de la pantalla de su móvil. El tedioso trabajo que había aceptado a espaldas de todo el mundo transcurriría lento en las noches estivales, ajeno por completo a las idílicas vacaciones que serían por fin, la envidia del barrio.

Este es el relato que presento al concurso de Zenda #elveranodemivida.

Y los sueños, sueños son

Con el pelo recogido en una coleta, el traje de chaqueta recién planchado y el maletín organizado, la profesora se dirige con paso firme al instituto. Hace buen tiempo y disfruta del trayecto. Cuando llega al aula, el alumnado la espera sin alborotar. Las clases discurren sin problema y cuando vuelve a casa, se siente realizada y feliz por un trabajo bien hecho. En el momento exacto en el que dan las ocho en el reloj de pared, un estruendo insoportable la obliga a taparse los oídos. Es tan estridente que cierra los ojos y aprieta los párpados en un gesto de dolor. Cuando los abre por fin, comprueba con espanto que son las ocho de la mañana y el despertador truena sobre la mesilla de noche. Se levanta de un salto con la sensación de haber pasado la noche apretando la mandíbula y consciente de que no va a llegar a tiempo. Sale como un vendaval de casa, sin haber desayunado, con el pelo tapándole la cara y todos los documentos apretados contra el pecho. Atraviesa el patio entre gritos y empujones juveniles y llega al aula empapada en sudor. Coge la tiza y escribe en la pizarra: La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca.

Concurso de relatos #MiMejorMaestro organizado por Zenda e Iberdrola.

Nueva pedagogía

Como si fuera un ilusionista que saca un conejo de la chistera, don Matías agitó su varita y en el bolsillo de su chaqueta apareció un puñado de seres humanos. Eran chiquitines y muy graciosos. 

Ante la incredulidad de los peques que hacían corro a su alrededor, los depositó en el suelo. Tuvieron que tener mucho cuidado para no pisarlos porque se movían mucho. La sorpresa se reflejaba en la cara ilusionada de los pequeños titanes que, en su primer día de cole, habían tenido la suerte de topar con el mejor profesor de ciencias que hubieran podido desear.

Relato escrito para la página solidaria “Cinco palabras”. Las palabras del mago Jorge Blas son ilusionista, conejo, varita, incredulidad, sorpresa.

https://cincopalabras.com/2020/04/26/escribe-tu-relato-del-mes-de-abril-v/

Lo presento a la convocatoria de Zenda libros: #MiMejorMaestro