En sintonía (Premio Categoría General VII Certamen de microrrelatos Javier Tomeo)

Hace unos días, mi vecina Carmen me pidió que la ayudara a resintonizar los canales de la tele. Me llevó un buen rato hacerlo, así que, al acabar, me invitó a un café con pastas y me contó sobre su marido —el pobre murió ya hace unos años— y sobre lo felices que habían sido juntos. Me enterneció su historia y me sentí bien al ayudarla porque me imaginé que la televisión sería su única compañía. Cuando salí de su casa, coincidí en el ascensor con otra vecina, que me comentó que ella también había ido a ayudar a Carmen y que juraría que le había dejado los canales perfectamente organizados. En el zaguán, el conserje le contaba a su mujer que el lunes había pasado media tarde ayudando a la señora Carmen con la tele porque la pobre mujer no se aclaraba con los canales.

Hace un rato, mientras introducía la llave en la cerradura para entrar en casa, no he podido evitar sonreír al escuchar, en el piso de arriba, que alguien salía al descansillo y aseguraba a mi vecina que mañana mismo iría a ayudarla con esa endiablada televisión.

Premio de la categoría general en el en VII certamen de microrrelatos Javier Tomeo.

La gran manzana

Adán y Eva, de Tamara de Lempicka, 1932

En el momento en que pronunció su nombre supe que lo nuestro sería algo único y duradero. 

—Me llamo Adán. —dijo con una sonrisa perfecta.

—¡No me jodas! —contesté yo.

Tras unos segundos de tenso silencio, añadí:

—Me llamo Eva. Encantada de conocerte.

Así de simple fue el comienzo de nuestra intensa historia de amor. Un par de jóvenes que salen a disfrutar de la noche en la gran ciudad y se encuentran en una barra cuando van a pedir una copa. Y así de tontamente nos quedamos colgados el uno del otro. Nuestro entorno se difuminó como si una espesa niebla se lo hubiera tragado y nos hubiéramos quedado aislados dentro de una burbuja insalubre de amor viciado de amor. Para mí solo existía él y para él solo existía yo. 

Yo siempre fui una mujer de carácter firme y convicciones férreas. Nunca me fueron las medias tintas, ni me sentí cómoda en la escala de grises. Lo mío eran los labios rojos y la pisada fuerte; y, por lo que pude averiguar, de la misma pasta que tenía el carácter tenía el corazón. Me enamoré hasta la médula y no vi más salida que amar hasta el final. Más allá de la muerte.

Quiso el maldito destino que Adán no fuera tan fuerte como yo y que muriera en mis brazos después de una noche de sexo desenfrenado. Su perfecto cuerpo esculpido en músculo contenía un corazón frágil que me dejó sumida en el más terrible de los desconciertos.

Tal como sospechaba, nuestro amor perduró tras su muerte y, en cuanto su aliento se desvaneció, se encendió en mí una llama creativa que me catapultó hacia arriba y me lanzó en una carrera loca hacia todo tipo de expresiones artísticas.

Decidí que nada podría hundirme, que nada iba a impedir que resurgiera de las cenizas de la devastación. Ni siquiera la vida misma.

Así que empecé a crear y me dediqué a esculpir su cuerpo junto al mío. De mi mano nacían obras tan potentes que en poco tiempo se cotizaron a precios astronómicos.

Me llamaban de las galerías de arte para que expusiera mi obra y de las Universidades para que impartiera clases. Me hacían entrevistas y publicaban mi foto en los periódicos.

Y así ocurrió hasta el final de mi vida, siempre intensa, siempre visceral. Hasta que la nieve se posó sobre mi cabello y las arrugas atenuaron el rubor de mis mejillas. 

Una noche mi fortaleza se enfrentó con uñas y dientes a mi edad y tras una encarnizada lucha entre las dos, la segunda ganó la batalla.

En las noticias dijeron que la mañana en que me hallaron sin vida en mi gran piso de Nueva York hacía un frío de mil demonios y que, curiosamente yo todavía me conservaba caliente. Encontraron mi cuerpo cubierto por una gruesa manta en el sofá del salón, rodeada de cientos de lienzos y de esculturas que abarrotaban todos los rincones.

En mi necrológica se decía que lucía en el rostro una gran sonrisa y que entre mis manos blancas llamaba la atención el potente color rojo de una manzana.

Este relato se ha publicado dentro del proyecto VisiBiliz-arte, en Mujeres en el arte, la antología dirigida por Esther Tauroni Bernabeu. En este libro aparecen otras muchas historias inspiradas en magníficas obras de arte creadas por mujeres. Para leerlas todas, se puede acceder a través del enlace.

Gemelos

Se topó con dos personas muertas sobre la cama de matrimonio. La ladrona que había estado vigilando el edificio había decidido perpetrar el robo convencida de que la vivienda estaba vacía. No podía intuir que el inquilino de la puerta contigua había llamado a emergencias, alarmado porque hacía días que no escuchaba a sus vecinos. Se preguntó por qué la mala suerte la obligaba a revivir su peor pesadilla. Con los ojos llenos de ayer y el corazón desbocado, intentó huir del horror de la muerte de la misma manera que lo hizo el día en que perdió su infancia. En ese momento, el policía encargado del aviso entraba por la puerta principal del piso, lo hacía aterrado ante la posibilidad de descubrir la misma imagen que lo catapultó a la edad adulta cuando no levantaba dos palmos del suelo. El encuentro se produjo en el pasillo, se reconocieron al instante: dos miradas idénticas que habían tomado caminos opuestos la tarde en que los separaron, hacía ya demasiado tiempo.

Micro publicado en Historias mínimas, libro editado por la editorial Dendro como homenaje al microrrelato. Se puede descargar de manera completamente gratuita:

https://dendroeditorial.wordpress.com/2020/10/15/historias-minimas

Invisible

Sentir los zapatos nuevos en contacto con los pedales de la bici, la mochila recién estrenada en la espalda y, ya en clase, desplegar el estuche de tres pisos y aspirar ese olor inolvidable. Dejarse acariciar por el roce del cabello de la chica más guapa y perderse en su aliento de fresa.Imagino cómo sería vivirlo desde dentro y no desde el rincón más apartado del aula, el que queda cerca de la puerta, el que me permite salir cuando los demás aún están recogiendo. 

Si no me ven no existo, pero duele menos.

Relato seleccionado en el VII Certamen de microrrelatos Javier Tomeo y publicado en el número 70, mes de octubre, de la revista Compromiso y Cultura.

Rescate a atardecer

La ola rompió contra la espalda de la turista envolviéndola en un manto de espuma, la lanzó hacia adelante y la sumergió. La cabeza enmarañada asomó para tomar aire antes de que la siguiente embestida la sorprendiera y la cubriera de nuevo. El vigilante bajó de un salto desde la torre, la sacó del agua, la tendió sobre la arena y la reanimó. Fue entonces cuando se desató toda la fuerza de la naturaleza y el socorrista se ahogó sin remedio en aquellos ojos azules más profundos que el mar.

Relato finalista en el V Concurso Literario de micronarrativa “Tardes de verano”, de Creatividad literaria.

Partida en dos

Mi ser se separó en dos al mismo tiempo que el disparo me ensordecía. El arma, todavía humeante, había asesinado a sangre fría. Los férreos principios que me habían caracterizado hasta entonces habían sido liquidados.

Yacían sobre la acera, junto a los restos del protagonista de mis pesadillas.

 

Relato seleccionado para formar pare de la revista digital Polisemia en el número de julio. El término sobre el que había que escribir era “Disociación”.

Mucho más que amor

Siempre lo habían compartido todo. Eran tan iguales que hasta en gustos se asemejaban. A punto estuvo un hombre de romper ese vínculo forjado desde la niñez. Afortunadamente, el desamor las unió todavía más, hasta demostrarles que una no era sin la otra y que juntas eran una sola.

Relato seleccionado en el V Concurso de microrrelatos sobre la mujer “ELLAS V”, de Diversidad Literaria, para formar parte de la antología que llevará el mismo nombre. 

 

Inmersión

 

Los azulejos de las paredes de la piscina se están despegando otra vez. Desde debajo del agua, se hacen más patentes esos detalles. El nivel de cloro, sin embargo, está perfectamente equilibrado. Ni huele, ni molesta al abrir los ojos. Qué tranquiliad se siente cuando el cuerpo se relaja y comienza a flotar y los oídos sumergidos solo transmiten el sonido de la propia respiración.

Casi se arrepiente de haberse lanzado con ese peso atado al tobillo. Casi siente la tentación de soltarlo y emerger a la realidad de nuevo. Casi.

Relato inspirado en el color azul propuesto por ENTC para el concurso de 2019, “Colores”.

Incluido en la antología EN7Colores: https://estanochetecuento.com/en7colores/

https://estanochetecuento.com/60-inmersion-aurora-rapun-mombiela/