Resacón

En mi pueblo somos muy de celebrar verbenas. Lo malo es, que, de tanto en tanto, dejan algún trasnochado que no ve el momento de recogerse. Y es que somos de salir de noche, pero también de aperitivo al mediodía. Y no luce nada tomarse el Martini al sol viendo dormir la mona a los cuatro que se han pasado de tragos.

Gracias a que tenemos un alcalde innovador, se ha resuelto el problema. Unos seres, allende las galaxias, se han puesto en contacto con él para solicitarle ejemplares. Dicen que los humanos somos adorables y que nos quieren como mascotas. A nosotros nos quitan un peso de encima y tenemos la conciencia tranquila porque, en cuanto se despiertan los abducidos, en vez de pasar la vergüenza de amanecer en medio de la plaza, lo hacen entre algodones, colmados de caprichos y mimos. 

Eso al menos, es lo que le aseguran los extraterrestres a nuestro señor alcalde.

Micro inspirado en la foto propuesta por Rafa Sastre, de Valencia Escribe, para inspirarnos.

Ángel o demonio

Parecía una mujer normal. Tenía pelo, piel, uñas y dientes. Vivía en un piso corriente y compraba leche y cereales en el supermercado como todo el mundo. Pasaba horas sentada en un banco de la calle, observando a su alrededor y anontando datos en una especie de libreta digital. Un día, estalló una tormenta tan brutal que anegó la ciudad y la dejó sumergida bajo el agua. Los pocos humanos que sobrevivieron se hacinaron en la terraza del edificio en el que ella vivía. No por casualidad resultó ser el más alto de todos. Cuando los supervivientes casi habían perdido la razón y estaban dispuestos a hacer cualquier cosa que se les pidiera con tal de salir de ese infierno, ella emergió de las profundidades como un proyectil, impulsada por dos enormes alas. 

Se posó con suavidad sobre el suelo de la terraza y, con voz de trueno, sometió, en menos que canta un gallo, a los sujetos de su próximo experimento.

Micro inspirado en la foto que propone esta semana Rafa Sastre en Valencia Escribe.

Otoño en la ciudad

El día ya acorta, las vacaciones quedaron atrás. 

Los rayos del sol ya no queman, la piel empalidece y se han acabado los baños en el mar. Cubierta con cuatro capas de quita y pon, sales hacia el trabajo cuando todavía no ha amanecido y cuando vuelves, descubres que se ha esfumado el día porque ya anochece.

El otoño se te come poco a poco, con sus ocres, sus marrones y su lluvia. Te cubre con sus hojas e hibernas en la humedad de la estación muy quieta, para mantener el calor.

Relato inspirado en la foto que nos ha propuesto Rafa Sastre en la página de Valencia Escribe.

Último tango en París

Ocurrió en nuestro viaje a París. Lo recuerdo como si fuera ayer: Cómo cayó la niebla espesa, cómo fue diluyendo los detalles hasta que acabó tragándoselo todo. Ni siquiera la romántica estampa de la torre Eiffel fue capaz de salvar lo nuestro. Extendí las alas y emprendí el vuelo. Sola.

Micro inspirado en la foto que ha propuesto Rafa Sastre para Valencia Escribe (octubre 2020).

À table!

Se respira nerviosismo en La Belle Cuisine. Es el día de la inauguración y los camareros, que han sido cuidadosamente seleccionados, preparan las mesas con rigor. De pronto, un estruendo ensordece el local y las copas, recién colocadas, vibran sobre los manteles impolutos. A pesar de su sereno porte contenido, todos sienten la curiosidad de averiguar qué ha pasado. Un autobús ha chocado contra una marquesina y ha catapultado a una mujer con un perrito y a un galán engominado. Cuando comprueban que estos se incorporan indemnes, suspiran aliviados y vuelven, disciplinadamente, a encargarse cada cual de lo suyo.

Micro inspirado en la foto propuesta por Rafa Sastre, de Valencia Escribe.

Arte callejero o la insoportable levedad del ser

El tío abuelo de Martina llevaba un rato contemplándola. De frente, de lado, por debajo. Incluso la tocó a ver qué pasaba. Nada, que no le transmitía nada. Por mucho que su sobrina nieta intentara transmitirle a todas horas la fuerza del arte moderno, él sentía más emoción ante un buen plato de croquetas. Y punto pelota.

Micro inspirado en la foto propuesta por Rafa Sastre para Valencia Escribe.

La venta

La venta-foto

Madame y Monsieur Castera vivían hastiados, inmersos en una existencia demasiado convencional. Les aburrían sus rutinas, sus muebles y hasta su propia casa. Decidieron ponerlo todo en venta. Colocaron en la entrada un anuncio vistoso y una urna para depositar el pago por cada artículo. Etiquetaron todas las cosas y finalmente, en un acto de genialidad, se empaquetaron y pusieron precio el uno al otro. Que los compraran juntos o por separado quedaba ya en manos del destino.

Micro inspirado en la foto propuesta por Rafa Sastre, de Valencia Escribe.

Pour ma famille française, Les Castera.

El capitán

El capitán-foto-René Maltête

Nunca había entendido qué había hecho para merecer ese pedestal. En su memoria los únicos momentos destacables de su vida habían sido el nacimiento de los gemelos y el día en que se jubiló. Había sido un militar mediocre que cumplía y transmitía órdenes para ganarse el jornal. Que casualmente fuera él quien estaba al mando cuando se ganó aquella batalla siempre lo había considerado una cuestión de suerte. Harto de pasar frío y de ser fotografiado por personas desconocidas, aprovechó la escalera del personal de mantenimiento para bajar de allí y perderse en el más ansiado de los anonimatos.

Texto escrito para la fotografía de René Maltête, propuesta por Valencia Escribe.

Un caballero de palabra

Imagen de Literland

Don Quiteriano se asomó una vez más al jardín vecino. Por más alto que levantaran el seto, él siempre lograba superar el obstáculo. Desde que hacía más de 40 años sus familias les habían prohibido estar juntos, él la esperaba cada tarde, en el mismo sitio, a la misma hora. Como prometió.

Micro inspirado en la foto publicada en Valencia Escribe (tomada de Literland).