Vida laboral

Valencia Escribe

Llevaba toda la vida dedicándose a algo que no le gustaba. Ocho horas diarias compartiendo miserias con gente con la que no tenía nada en común. En un intento desesperado por cambiar el rumbo que se le había marcado, cometió el delito que lo mandó directo a la cárcel. En su celda, se levanta todos los días contento y saluda a sus vecinos con una gran sonrisa.

Micro inspirado en la foto publicada por Rafa Sastre, de Valencia Escribe.

Don Juan

Pues mira tú por dónde, a mí me ha venido de perlas esto de la nueva normalidad. Toda la vida tragándome lindezas como «ay, este niño, qué lástima, con los ojazos que tiene y esa boca tan torcida que le da aspecto de triste». Aguantando apodos insufribles, soportando burlas por mi cara de pena. Y ahora resulta que triunfo como el que más. Me he agenciado un montón de mascarillas molonas y cada día me pongo una diferente. Las conjunto con la ropa y voy hecho un primor. Entre eso y los luceros alegres que asoman por encima de la tela, estoy que me salgo.

Relato escrito para el concurso de Valencia Escribe: «La nueva normalidad».

Primer contacto

Dolores Rodríguez lleva una vida solitaria por decisión propia y, desde hace mucho tiempo, mantiene una relación distante con sus padres. No por falta de afecto, sino porque ella es así, no le van las distancias cortas. Hoy se ha reencontrado con ellos después de cinco meses de obligado alejamiento. El padre y la madre se han quedado plantados en el umbral de la puerta, con las mascarillas cubriéndoles el rostro; la hija los ha mirado durante unos segundos sin saber muy bien cómo actuar.
Finalmente, los ha conducido a la zona de desinfección situada a la entrada de la casa y a continuación se han sentado en el sofá. Se han quitado las mascarillas y se han contemplado durante unos instantes más hasta que por fin se han abrazado.
Una sonora carcajada familiar los ha catapultado a una nueva normalidad.
Relato escrito para el concurso de Valencia Escribe: La nueva normalidad.

A ciegas

Llevaba poco tiempo viviendo en la comunidad y ya había hecho muchos amigos, sin embargo, el amor había alcanzado su corazón desde algún rincón de la red. El gran día había llegado. Sobre la mesa había dispuesto un primoroso juego de té, se había sentado con cuidado de no arrugar su vestido rosa de flores y había consultado el reloj. Las cinco menos dos minutos. A la hora en punto sonó el timbre de la entrada. Hizo un gesto de aprobación, se levantó con estudiada pose, compuso su mejor sonrisa y abrió la puerta.

Ni todos los poemas de amor del mundo, ni los cientos de mensajes que habían compartido, ni la bandeja de aromáticas pastas que portaba, iban a ser suficientes para convencerla de que ese viejo carcamal lleno de tatuajes con coleta, era su media naranja.

Relato escrito para el concurso de Valencia Escribe «Vivir en un cohousing».

De sopetón

Diploma Vivir en un cohousing

Todavía no se ha recuperado mi madre de la noticia que le trajo mi abuelo. Y eso, que ha pasado ya un mes desde que la escuchó.

Era domingo, estábamos tomándonos el café en la cocina y charlando de esto y de aquello y de pronto, así, sin que viniera a cuento, mi abuelo nos comunica que ha decidido que ya está harto de vivir solo. Que se aburre, y que ha conocido a un grupo de gente muy interesante que le ha propuesto mudarse a una especie de comuna rara. A mí no me quedó muy clara la idea, pero me pareció estupendo. Mi abuelo nunca ha sido de estarse quieto en casa, ni de bajar al bar. Las rodillas le empiezan a fallar y tampoco se puede pasar todo el día dando paseos por la playa, así que enseguida le di la enhorabuena por haber tomado esa decisión.

Aún me duele el cuello de la colleja que me propinó mi madre al tiempo que exclamaba:

—¿Pero tú estás tonta o qué?

Y acto seguido se giró hacia mi abuelo, lo miró fijamente, se levantó y sin pronunciar una palabra, se fue de casa dando un portazo.

Mi madre es así, tiene ese carácter, pero en el fondo sé que compartirá mi opinión. Estoy segura de que, en cuanto comprenda lo feliz que es su padre ahora, va a dejar de suspirar por las esquinas.

Concurso Vivir en un cohousing

Relato ganador del mes de junio del concurso de Valencia Escribe: Vivir en un cohousing.

 

Compañeros de piso

De pronto apareció ante mí. Desde el centro de mi diminuto salón su mirada penetrante me contemplaba sorprendida. Me levanté como un resorte, con el corazón desbocado y empecé a tocar ese cuerpo, esa piel, ese pelo…

Habían transcurrido ya tantos días, había soportado tantas horas de aburrimiento, había pasado tantas noches en vela maldiciendo a mi suerte por vivir sola. 

Y ahora, de repente, tenía a un tío plantado en mi hogar. 

Cogí su mano y le animé a acompañarme. Él me siguió, sumiso. Mi apartamento es muy pequeño, así que en un par de zancadas habíamos llegado hasta la puerta. La abrí, lo empujé fuera y la cerré tras él.

No había pasado todo el confinamiento sola para que ahora, que por fin podía reunirme con quien me diera la gana, viniera nadie a molestarme en mi propia casa. 

¡Vamos, hombre!

Relato escrito para el concurso de Valencia Escribe «Vivir en un cohousing».

De locos

DE LOCOS

Hoy voy a tener que acostarme pronto, ¡ha sido un día agotador!

Por la mañana ha salido el sol, así que en vez de desayunar en la cocina, he salido al balcón. 

Por si eso no hubiera sido poco, por la tarde he tenido una idea loca. En lugar de entrar en el Consum de debajo de mi casa, he dado toda la vuelta a la manzana hasta el Mercadona. Y además, me he arriesgado a hacer dos trayectos diferentes, por delante del edificio al ir y por detrás, al volver.

¡Ay, que jornada más intensa! 

Y yo que me había levantado pensando que hoy iba a ser un día más…

Relato escrito para el concurso de Valencia Escribe «Mientras nos quedamos en casa».