Mil vidas

Le gusta sentarse a leer en la sección de teatro, en una butaca que hay junto a una planta. Llega temprano y selecciona unos cuantos libros que le aseguran la lectura por lo menos hasta el mediodía, momento en que la biblioteca cierra al público durante un par de horas. A veces, cuando acaba mi turno y me dirijo a casa, lo veo andando por la carretera que serpentea entre las huertas. Su paso calmoso y tranquilo contrasta con mis prisas al volante. Yo, con hambre y ganas de llegar a comer pronto para poder seguir con la tarde acelerada en la ciudad. Él, con hambre, pero sin ganas de llegar a aquello que a duras penas puede denominarse casa. Yo, deseando que las horas pasen lentas para disfrutar de mi tiempo libre; él, esperando que se haga la hora en que la biblioteca vuelva a abrir sus puertas para poder sumergirse en mil vidas mejores que la suya, sentado cómodamente, arropado por el silencio y por el chorro del aire acondicionado.

Micro seleccionado en el VIII Certamen de microrrelatos Javier Tomeo. Publicado en la revista Compromiso y Cultura y en el blog de la Asociación literaria y artística Poiesis (enero de 2022).

En sintonía (Premio Categoría General VII Certamen de microrrelatos Javier Tomeo)

Hace unos días, mi vecina Carmen me pidió que la ayudara a resintonizar los canales de la tele. Me llevó un buen rato hacerlo, así que, al acabar, me invitó a un café con pastas y me contó sobre su marido —el pobre murió ya hace unos años— y sobre lo felices que habían sido juntos. Me enterneció su historia y me sentí bien al ayudarla porque me imaginé que la televisión sería su única compañía. Cuando salí de su casa, coincidí en el ascensor con otra vecina, que me comentó que ella también había ido a ayudar a Carmen y que juraría que le había dejado los canales perfectamente organizados. En el zaguán, el conserje le contaba a su mujer que el lunes había pasado media tarde ayudando a la señora Carmen con la tele porque la pobre mujer no se aclaraba con los canales.

Hace un rato, mientras introducía la llave en la cerradura para entrar en casa, no he podido evitar sonreír al escuchar, en el piso de arriba, que alguien salía al descansillo y aseguraba a mi vecina que mañana mismo iría a ayudarla con esa endiablada televisión.

Premio de la categoría general en el en VII certamen de microrrelatos Javier Tomeo.

Invisible

Sentir los zapatos nuevos en contacto con los pedales de la bici, la mochila recién estrenada en la espalda y, ya en clase, desplegar el estuche de tres pisos y aspirar ese olor inolvidable. Dejarse acariciar por el roce del cabello de la chica más guapa y perderse en su aliento de fresa.Imagino cómo sería vivirlo desde dentro y no desde el rincón más apartado del aula, el que queda cerca de la puerta, el que me permite salir cuando los demás aún están recogiendo. 

Si no me ven no existo, pero duele menos.

Relato seleccionado en el VII Certamen de microrrelatos Javier Tomeo y publicado en el número 70, mes de octubre, de la revista Compromiso y Cultura.

Impagable

Octubre 2019 Javier Tomeo

Con la comida todavía en la garganta, se arregla a toda prisa frente al espejo del cuarto de baño y sale de casa puntual, como siempre. Los martes son duros porque, después de una mañana maratoniana de limpiezas, planchas y compras, tiene que recoger a las niñas del cole, llevar a la pequeña a clase de violín, y a continuación, antes de recoger a los niños, arrastrar a la mayor hasta la sala de esgrima. Mientras permanecen en las extraescolares, hay veces en que le da tiempo de pasar por la biblioteca, si no, se lleva a los gemelos a jugar al parque.

Al final de la tarde, vuelven a casa entre risas y canciones, los mete de dos en dos en la bañera y les prepara una cena nutritiva que compense la comida que han tomado en el comedor escolar.

Ya los tiene medio dormidos en el sofá cuando su hija viene a recogerlos para llevarlos a casa.

La tentación que siente cada martes de decirle que este va a ser el último se desvanece cuando sus nietos la llaman súperabuela y su hija la abraza y le susurra que no podría vivir sin ella.

Texto seleccionado en la categoría general del VI certamen de microrrelatos Javier Tomeo y publicado en el número 58 de la revista Compromiso y Cultura.

Moros y cristianos

Moros y cristianos Compromiso y cultura 50

Ascendía por el camino empinado hacia la inmensa fortaleza anaranjada cuando una piedra pasó rozando mi oreja. Aún no me había recuperado del susto cuando recibí un impacto en el brazo. Salté tras unos bojes e intenté descubrir quién era el atacante.
A lo lejos, detrás de una almena, vislumbré un resplandor. Oculto tras los pinos, di un rodeo para llegar al castillo. Cuando llegué a la puerta y detallé al guarda lo que me había pasado, me explicó que un habitante del pueblo vecino, que vivía inmerso en el siglo XI, se creía que era un guerrero cristiano e iba siempre con el casco puesto. Ese debía ser el destello que había visto antes. Al verme tan moreno y con pelo rizado, seguramente me había confundido con un moro enemigo y se había defendido.

Me recomendó que visitara primero el ala oeste para no toparme con él hasta que llegaran las autoridades para llevárselo y me rogó que lo disculpara. Afortunadamente no me registró, porque si lo hubiera hecho habría descubierto, en mi mochila, un alfanje que había ocultado, por si al llegar a las murallas, hubiera algún cristiano escondido.

 

Relato seleccionado en enero de 2019 en el V Certamen de microrrelatos Javier Tomeo. Publicado en el número 50 de febrero de la revista Compromiso y cultura.

Una emigrante en Navidad

 

Deslumbrada por las luces de la ciudad, se refugia en un rincón oscuro. Ante ella pasan amontonados rebaños de personas cargadas de bolsas brillantes. Todos hablan con otros individuos o con el móvil pegado a la oreja o consigo mismos. Nadie mira hacia abajo. Ella es un ser invisible que respira soledad y se alimenta de indiferencia. Al chico trajeado que se ha tropezado con su rodilla le brillan los zapatos. Ni siquiera se ha dado cuenta de que ha estado a punto de pisar a un ser humano. Nunca lo hubiera imaginado. Ni cuando subió a ese autobús convencida por sus familiares de que viajaba a una tierra llena de oportunidades y esperanza, ni cuando la recibieron en la estación con amables palabras en su idioma y le ofrecieron alojamiento y comida, ni cuando escapó aterrorizada de ese local tórrido de la carretera después de haber vivido un infierno. Ni siquiera entonces imaginó la profunda tristeza que estaba a punto de comérsela entera de un solo bocado.

La revista Compromiso y Cultura publica en su número 49, correspondiente al mes de enero de 2019, los relatos seleccionados en diciembre de 2018 en el V Certamen de microrrelatos Javier Tomeo. El mío, Una emigrante en Navidad ha sido uno de ellos.