Sal

Salió del salón vestida únicamente con el salto de cama. Salseó desinhibida, creyéndose a salvo de miradas salvajinas. No esperaba encontrarse con aquel salchichón enhiesto que la acechaba para salpimentarla a su gusto. Salvaguardó su honor de un salto, encaramándose al saliente del balcón vecino. Sintiéndose a salvamano, se recompuso y saludó, salerosa, al salobreño que, salivando, estaba a punto de verter la salsa sobre el salmón que miraba la escena con ojos saltones.

Para los Viernes creativos de «El Bic naranja». Esta semana, Ele nos propone un texto inspirado en la sal.

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