Robots de acogida

Hace días que siento que algo va mal. Mis padres están raros. Mi madre ha adquirido un rictus extraño en la boca, mi padre tiene la mirada más oscura y los labios rectos.

Les he preguntado si les pasa algo, pero no se han animado a pronunciarse. Hasta hoy, que ha sido cuando se han sincerado. Me han mirado muy serios, con esa nueva expresión inquietante en sus ojos y me han dicho que lo sienten mucho, que lo han intentado, que no querían que me enterara de aquella manera, ni de ninguna. No querían decírmelo nunca, pero que ya no son capaces de seguir luchando contra la naturaleza. Que con el paso de los años se les ha acabado la energía y no logran mantener las apariencias. Una especie de lágrimas negruzcas han resbalado por las mejillas de mi madre cuando ha colocado su fría mano sobre la mía: <<Hija mía, eres adoptada>>. 

Y después, nada. Se han levantado ayudándose el uno al otro y se han alejado bamboleándose, con las piernas rectas, como si hubieran perdido la movilidad en las articulaciones.

Y yo me he quedado sola, empapada en lágrimas humanas, aferrándome con fuerza a mi corazón roto.

Para la convocatoria «Antepasados o robots», de Esta noche te cuento (ENTC).

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