Indigestión

Foto: Olga Mayor

Ocurrió así, señor comisario, como se lo cuento. Sé que sueña extraño y que no me presta atención, pero es la pura verdad. Por favor, míreme cuando le hablo, no ponga esa cara de barbo como si la cosa no fuera con usted. Se lo estoy contando tal cual pasó. La historia es algo extravagante, pero, ¿cuándo no lo es la realidad? Vivimos en un mundo de locos donde ya nada es lo que parece. 

Si tiene paciencia, acabará entendiéndolo. Ya no volverán a tomarle por el pito del sereno. Será el que resolvió el caso más extraño del verano. Le aseguro que fue así como ocurrió. Yo estaba allí. ¿No me quiere mirar? Bueno, allá usted. 

Yo se lo explico de todas formas, que, para hablar me basto sola.

Mi marido y yo pasábamos unos días de asueto en Sanse (es así como llamamos a San Sebastián). Habíamos comido en una terraza divina (no vaya usted a pensar que todo son pinchos en el País Vasco, no solo de pan vive el hombre) y se nos había subido un pelín el vino. Nos fuimos a dar un paseo para ayudar a la digestión, que anda un poco lenta últimamente, y a hacernos unos selfis, para poner los dientes largos a las amigas. Lo normal, vamos. Y se me vino a la cabeza, tonta de mí, subirme a una piedra de esas y posar. Ya ve usted que cosa más naíf, a mi edad. Jajaja, ay, discúlpeme usted, que me desvío de la historia. Total, que me subo con mis deliciosas sandalias recién estrenadas a la roca húmeda y me resbalo como un salmón. Tal cual se lo digo. ¿No le parece de lo más divertido? Qué ocurrencia más loca, ¿verdad?

Total, que mi marido, que parece muy duro, pero es más blando que un peluche, empieza a chillar como un poseso. ¡Puri, Puri! Y yo sin poder partirme de risa porque estaba ensartada en el hierro como una brocheta. Y la gente venga a gritar, a señalarme y a hacerme fotos. Y, ahora viene el colmo, cuando mi Pacho se sube a la roca para intentar desincrustarme y se resbala y ¡hala! De morros, él también a la brocheta. Uf, qué pareja más patosa. ¿No es para mondarse? 

Con que nada, señor comisario, aquí me tiene, intentando que le entre en ese minúsculo cerebro suyo que lo que le digo es lo que pasó. Pero es que no hay manera. Yo contándole la verdad verdadera y usted mirando al mar a través del ventanal, como si oyera llover. 

Le aseguro que, si no fuera porque estoy muerta, ahora mismo le daba un sopapo para espabilarlo, ¡que está usted en Babia, señor comisario!

8 comentarios en “Indigestión

  1. Ángel

    Vaya, brochetas que no les hacen ni caso, y el comisario en babia, que hermosa comarca.
    Mal viaje han llevado los personajes, por lo menos buena digestión no van ha hacer.
    Aurora, que buen micro.
    Un saludo.

  2. Y eso que Sanse es un sitio excelente para todo menos para palmarla. Un texto divertido y un final de sorpresa. Y es que con el tiempo Puri mejorará en su comunicación fantasmal. Que todavía es muy pronto 😂 Un abrazo.

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