Un secreto a simple vista

Hace unos días, volví al pueblo porque supe que había fallecido mi tía Rosa. Fue un día muy triste para mí, pero aún más para mi pobre abuela, que se hundió en un abismo sepulcral. No ha vuelto a hablar desde entonces. El día del entierro descubrí, con gran sopresa, que, en realidad, Rosa no era familia nuestra.

Cuando el gruñón del abuelo dejó este mundo, la tía Rosa se fue a vivir con mi abuela a la casa del pueblo. A mí siempre me pareció que se com- plementaban a la perfección. Una nos preparaba el chocolate y la otra, las rosquillas. Mis primos y yo disfrutábamos mucho cuando las íbamos a visitar. Nunca olvidaré el día en que me armé de valor para presentar a mi novia a la familia. En casa pusieron el grito en el cielo porque mi pareja era chica y no chico, sin embargo, mi abuela y la tía Rosa se miraron sonrientes, nos sen- taron a la mesa y nos sirvieron un buen trozo de bizcocho recién horneado.

5 comentarios en “Un secreto a simple vista

  1. Me ha encantado la forma en que tratas la homosexualidad y el respeto puesto. Y sobre todo, como nos llevas al final de una manera muy linda. Felicidades.
    Besicos muchos.

  2. Ángel

    Bonita historia de aceptación y normalidad. Lastima que la sexualidad de cada uno sea todavía motivo de comentario, que más dará.
    Un saludo.

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