Control

El bic naranja

Había una vez un planeta que llevaba siglos girando sobre sí mismo cuando de pronto, un buen día, se detuvo. A partir de ahí todo se complicó bastante. Los ríos no supieron si tirar para adelante o para atrás y se inundaron los unos a los otros; bandadas y manadas de animales se chocaron desorientados en medio de la migración y los seres humanos se quedaron patidifusos. Se apalancaron en sus casas y se dedicaron a pasar el tiempo frente a las pantallas, comunicándose a través de ellas, recibiendo oleadas infinitas de información y olvidando su propia naturaleza. Internet vio su oportunidad y pobló todas aquellas mentes con diminutos entes controladores.

Un buen día, una mujer se despertó de un extraño sueño. Se había quedado dormida en su silla, frente a su ordenador. Le picaba la cabeza así que se rascó y detectó que bajo la uña se le había quedado algo enganchado. Entumecida y asqueada, se dio una buena ducha, se puso las zapatillas de deporte y salió a pasear. Se sorprendió al ver poca gente por la calle, todos se miraban sorprendidos, pero estaban tan felices que se contentaron con dejarse llevar, respirar y vivir.

Relato inspirado en la foto de Quentin Deronzier que propone Elena Mójer para El bic naranja: los viernes creativos.

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